Estudiantes con los peores resultados por tantas injerencias

 

 

Miguel del Río | 28.09.2026


 

 

 

 

Cada vez que sacamos malas notas en el informe internacional de evaluación de los estudios de nuestros jóvenes, hay un día para comentar la noticia y al siguiente todo sigue igual dentro del actual sistema educativo español. No parece preocupar lo que debiera. Salimos muy mal parados en aspectos como comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Y tenemos por delante a países mejores como Singapur, Corea del Norte o Polonia. Nos diferencia de ellos el rigor e injerir como se hace aquí mucho en los planes de estudios. Deberían ser los educadores quienes mayormente decidieran. Si a esto sumamos el smartphone y la IA, estamos apañados.

 

Aunque tardíamente, los gobernantes actuales en el mundo, especialmente los de Occidente, deberían atender el buen consejo de Platón, cuando dijo aquello de que el más importante y principal negocio público es la educación de la juventud. Puede que el filósofo griego quede muy atrás en los siglos, pero es que, siguiendo sus pasos, lo han refrendado también figuras tan célebres como Confucio, Einstein o Mandela. España no ha podido salir peor parada del último informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes), impulsado desde la OCDE, con un estudio en más de 90 países sobre cómo va su educación. La nuestra, de manera aplastante, no puede ir peor.

Vienen a concluir los evaluadores tras analizar nuestro sistema, y de lo que aprenden de él los estudiantes españoles entre 15 y 16 años, que la cosa está muy mal en matemáticas, ciencias y comprensión lectora, que dicho de manera más simple va de leer. Con Internet, el smartphone y ahora la Inteligencia Artificial, ¿qué van a leer nuestros jóvenes? Todo lo que sale del móvil y las redes sociales, el Instagram y el TikTok, eso sí que les interesa, y es con lo que se les inunda.

La educación se fastidió hace años por las injerencias de todo el mundo, en vez de dejar hacer a los educadores, que son los que realmente saben lo que se traen entre manos. Hoy la solución, con la invasión total de las tecnologías y una sociedad plegada a implantar la IA en todo, esa salida resulta muy compleja, por no decir imposible. A pesar del tiempo, lo que no han cambiado son los conceptos que hay que aplicar para hacer bien las cosas: trabajo, esfuerzo, rigor y superación. Por eso Singapur es el país premiado con la mejor educación del mundo, y España está en la cola. En la lista de otros muy buenos aparecen los que viven dentro de una sociedad donde el respeto tiene gran predicamento desde que se nace. Lo digo porque están especialmente valorados educativamente Japón, China o Coreal del Sur. De nuestro entorno, España podría aprender de Finlandia, Estonia o Polonia, que sacan buenos resultados en este último informe PISA.

Pese a los malos datos, aquí no se va a mover nadie de sus fallidas tesis, aunque tantas tecnologías por delante de los libros, y el gran conocimiento que contienen, es perjudicial para el conjunto de la sociedad. Innovar siempre es bueno porque en los países capitalistas se ha venido repitiendo hasta hartar lo del I+D+I. Pero especialmente las universidades se han pasado de vueltas a la hora de estudiar mediante tantas plataformas de Internet, dejando a mi entender un tanto de lado la educación tradicional que suponen libros, apuntes, trabajos y todas las clases prácticas que sean posibles.

Nunca la IA va a ser como un profesor, al igual que Google no debería dar consejos médicos ni recetas a enfermedades, para dejárselo a la medicina real y los profesionales sanitarios que tan bien la representan. En estas estamos, y hay que darle una vuelta a combinar tradición e innovaciones, con la condición de que en medio siempre se vea el esfuerzo personal del alumno y su buena evolución a través de los diferentes cursos, desde que empieza en la escuela y termina en el instituto o la universidad.

No podemos pasar por alto el papel tan esencial que juegan los padres, con respecto a los estudios de sus hijos. Y este interés deja mucho que desear, porque cada vez que se sabe de una reivindicación paternal sobre la preparación de los escolares es para hacer menos. Desde que se reduzcan los deberes a más tiempo libre, incurriendo muy dañinamente al permitir el uso del móvil en niños pequeños o dejarles libertad para moverse por Internet o las redes sociales.

El Gobierno tiene conciencia de la edad a la que un joven debe acceder a estos dispositivos tecnológicos, pero sus decisiones al respecto son lentas de solemnidad. Es como un quiero y no puedo. Tal es así que pasa el tiempo, los cursos escolares en este caso, y cada vez que desde los organismos internacionales competentes nos evalúan en educación, nos suspende si cabe con mayores ganas e intensidad. Con tan malas notas, es difícil que nos vendamos en cualquier otra cuestión, por ejemplo, cuando se asegura que somos los mejores en innovación o que el talento joven destaca sobre manera. De ser así esto último, lo de tanto talento, la realidad es que emigra a otros países, y difícilmente regresan ya a España, el país que ha preparado a esos estudiantes, con la gran inversión económica que eso supone.

 

 

Miguel del Río