Colaboraciones

 

Un fenómeno apasionante

 

 

 

30 marzo, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

Como vida vegetativa el hombre posee las funciones de reproducción, crecimiento y nutrición. Como vida sensitiva, posee la locomoción, los apetitos y los sentidos. Pero como vida intelectiva tiene las facultades de la voluntad y la inteligencia. Por la inteligencia es capaz de entender el porqué de las cosas. Un discurso más amplio nos permitiría darnos cuenta de la forma en que el hombre conoce. Bástenos afirmar tan solo que mediante la capacidad de la inteligencia el hombre puede penetrar el sentido interno de todas las cosas y así descubrir la esencia de las mismas y el porqué de los distintos mecanismos que giran en torno a la vida.

De esta manera el hombre se distingue de las plantas y de los animales porque mediante su inteligencia puede descubrir el sentido de las funciones de nutrición, desarrollo y reproducción. No las sigue automáticamente como las plantas o los animales que no pueden renunciar a los sentidos, a los apetitos o a los instintos. El hombre al conocer el porqué de esas funciones las entiende y las razona y puede vivirlas no ya tan solo en forma automática, como las plantas o los animales, sino que, al encontrar el sentido de ellas, las vive más plenamente.

El hombre al dar un porqué a las funciones vitales da un sentido a la vida y puede vivir la vida y no solo ser vivido por la vida. Y más asombroso todavía, puede dar un rumbo a esa vida, ya que posee una cualidad que lo hará notoriamente distinto de los otros dos niveles de vida, que es la voluntad.

Una vez que el hombre ha entendido el sentido de la vida, es decir, el sentido de sus funciones primarias como es la nutrición, el desarrollo y la reproducción, el hombre está en capacidad de darle un sentido a esa vida, es decir, de dirigir su vida por el binario de la vida como mejor le convenga. Esto es posible porque posee la capacidad de la voluntad. «La voluntad es la facultad de tender hacia un bien conocido por la inteligencia. Con la inteligencia el hombre conoce, con la voluntad ejecuta. Así no es espectador, sino actor». De esta manera llegamos al nivel más alto de la existencia. La capacidad de elegir. Por la inteligencia el hombre conoce lo que tiene que hacer para vivir, por su voluntad puede darle un sentido a esta existencia. Y por la libertad puede elegir entre muchas alternativas para vivir la vida.

Las plantas y los animales, al no tener esta capacidad de elección, deben por fuerza vivir la vida como les viene impuesta por la naturaleza, es decir por los sentidos, los instintos y los apetitos. El hombre, porque tiene la capacidad de conocer se da cuenta de lo que más le conviene para vivir una vida buena, una vida acorde a su condición de hombre. Por la voluntad puede elegir entre las distintas formas de vivir la vida y por su libertad puede ejecutar y llevar a cabo la elección que ha hecho previamente en su voluntad.