Colaboraciones
La Leyenda Negra es, a la vez, anticatólica y antiespañola. Los cínicos agentes panfletistas de la Leyenda Negra
15 marzo, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
La Leyenda Negra es, a la vez, anticatólica y antiespañola. Se generó y se desarrolló en Inglaterra y Francia: primera y principalmente en Inglaterra, en el curso de la lucha entre España y la Inglaterra de los Tudor. El antihispanismo llegó a ser parte integral del pensamiento inglés. Escritores y libelistas se esforzaron por inventar mil ejemplos de la vileza y perfidia española, y difundieron por Europa la idea de que España era la sede de la ignorancia y el fanatismo, incapaz de ocupar un puesto en el concierto de las naciones modernas. Tal idea se generalizó por la Europa secularizada y petulante del oscurantismo «ilustrado» y enciclopedista, señalando a la Iglesia como causa principal de semejante «degradación» cultural española. Esta idea se difundió después por todo el ámbito anglosajón y naturalmente entre los yanquis.
El buen historiador norteamericano William S. Malltby (profesor emérito de Historia de la Universidad de Missouri, en St. Louis), entre algunos otros, en su bien documentado libro titulado La Leyenda Negra en Inglaterra (1982), dice esto: «Como muchos norteamericanos, yo había absorbido el antihispanismo en películas y literaturas populares, mucho antes de que este prejuicio fuese contrastado desde un punto de vista distinto en las obras de historiadores serios, lo cual fue para mí toda una sorpresa; y cuando llegué a conocer las obras de los hispanistas, mi curiosidad no tuvo límites. Los hispanistas han atribuido, desde hace mucho tiempo, este prejuicio y sentimiento mundial antiespañol a las tergiversaciones de los hechos históricos, cometidas por los enemigos de España».
Para Álvaro de Maoturna, «los cínicos agentes panfletistas de la leyenda negra —cínicos por cuanto acusan a España de vilezas y crímenes que solo ellos cometieron— y sus respectivos pueblos que asimilaron borreguilmente el fanatismo antiespañol, en particular el mundo anglosajón, no solo tergiversaron la Historia española y la grandeza de la empresa española en América, sino que a la vez silenciaron sus propios sistemas coloniales que, del siglo XVII al XIX, exterminaron casi por completo a los aborígenes de Norteamérica y sometieron a tantos pueblos africanos, asiáticos y oceánicos a una casi total esclavitud. Silencian la permanencia actual de las razas aborígenes en los países colonizados por España, así como el intenso mestizaje que desmiente toda mentalidad racista. Y también, naturalmente, silencian que las intervenciones pontificias en defensa de los indígenas obedecieron a peticiones de la Corona española que, ya con anterioridad, había dictado normas humanitarias como esa gloria jurídica de España que son las leyes de Indias y el Derecho de Gentes».
Hay ahora una caterva de pseudo intelectuales dóciles a las viles corrientes ideológicas que hoy se venden, que quisieron generar una extraña sensación de mala conciencia, de recuerdo molesto, como de historia vergonzante. Intención más torcida aún, es la que pretende borrar cualquier huella de Dios en este muy noble y bellísimo acontecimiento realizado por los españoles...
Todos los Papas han tenido menciones muy honoríficas para la singular acción evangelizadora y civilizadora de España en el mundo. Nuestro Papa Juan Pablo II, insistió muy reiteradamente en esta hermosa realidad; y en su visita a España en Santiago de Compostela, el 19 de agosto de 1989, destacó con gran amor y claridad la enorme proyección espiritual y cultural positiva del Concilio III de Toledo, y entre otras cosas dijo: «En más de una ocasión he tenido la oportunidad de reconocer la gesta misionera sin par de España en el Nuevo Mundo». Y en su despedida en Covadonga afirmó: «Agradecemos a la Divina Providencia, a través del corazón de la Madre de Covadonga, por este gran bien de la identidad española, de la fidelidad de este gran pueblo a su misión. Deseamos para vosotros, queridos hijos e hijas de esta gran Madre, para España entera, una perseverancia en esta misión que la Providencia os ha confiado».
Cabe otra consideración, altamente significativa, sobre la Leyenda Negra. Solo España tiene leyenda negra y no la tiene, en cambio, ninguna nación del ámbito protestante; ¿por qué? Solo existe una posible respuesta. La importancia española en el mundo llegó a ser enorme durante los siglos XVI al XVIII. Su influencia cultural, política y militar fue universal y benéfica para el Orbe porque todas sus acciones estuvieron inspiradas y movidas por la doctrina y el espíritu católico. Pero después triunfó la herejía y el error en gran parte del mundo económicamente fuerte de Occidente, con su espíritu protestante y racionalista. Y fue naturalmente este mundo triunfante del error y del antihumanismo el autor del prejuicio mundial, injusto e inicuo, que se llama Leyenda Negra, la cual es solo y a la vez anticatólica y antiespañola. No existe en cambio Leyenda Negra enemiga de las potencias protestantes. Este hecho tiene una significación decisiva para cualquier mente honrada que pretenda valorar con justicia los hechos históricos de las naciones.
No existiría Leyenda Negra si España no hubiera sido tan importante en el mundo, o si hubiera traicionado la Verdad como lo hicieron las demás potencias, en lugar de servirla heroicamente como España lo hizo. Fue justamente en el ambiente protestante donde se generó la llamada Leyenda Negra, que marcó durante un tiempo no pocos estudios historiográficos, concentró prevalentemente la atención sobre aspectos de violencia y explotación que se dieron en la sociedad civil durante la fase sucesiva al Descubrimiento. «Prejuicios políticos, ideológicos y aun religiosos, han querido también presentar solo negativamente la historia de la Iglesia en este continente» (Juan Pablo II en Santo Domingo).
«Los hispanistas han atribuido desde hace tiempo este prejuicio a las tergiversaciones de los hechos históricos cometidas por los enemigos de España, pero fue Julián Juderías, sociólogo español, el primero en afirmar que dichas tergiversaciones constituían una Leyenda Negra, acunando así el termino, cuyo significado estableció más o menos definitivamente en 1912.
»Según Juderías, las raíces del antihispanismo deben buscarse en lo que él llamo «la tradición protestante». A partir de la revuelta de los Países Bajos en el siglo XVI, documentos como la Apología (1581) de Guillermo de Orange y las Relaciones (1591) de Antonio Pérez (1540-1611) pintaron a España como cruel opresora, cuyo enorme poderío estaba al servicio de la causa de la ignorancia y la superstición.
»Los esfuerzos de España como paladín del catolicismo durante los siglos XVI y XVII le valieron al país el odio imperecedero de los protestantes en todo rincón de Europa, hasta un grado tal que acaso no lo hayan notado ni aun los propios hispanistas. Es asombrosa la enorme cantidad de material antiespañol que salió de las prensas de la Europa protestante durante este periodo y fue hábilmente suplementado por la labor de quienes, aun cuando favorables a la Contrarreforma, veían con malos ojos el poderío de España y su tendencia a intervenir en los asuntos de Francia y de Italia.
»El sentimiento antiespañol en Inglaterra fue y sigue siendo autentico.
»En Inglaterra, el sentimiento antiespañol fue provocado por un buen número de hombres que escribían más o menos independientemente y que tomaban sus ejemplos, por muy imprecisos que fueran, de los registros históricos. Este sentimiento solo se convirtió en una Leyenda Negra cuando autores posteriores aceptaron sus alegatos como hechos comprobados.
»Los ingleses eran conscientes de su identidad nacional —qué duda cabe—, y escritores como Raleigh, Thomas, Scott y sir Richard Hawkins se complacían en comparar las virtudes de Inglaterra con los vicios de su pérfida enemiga […]» (William S. Malltby, La Leyenda Negra en Inglaterra. Desarrollo del sentimiento antihispánico, 1558-1660, c 1968, 1971, Duke University Press, Durham, ISBN 0-8223-0250-0).