Colaboraciones
Régine Pernoud, Inquisición y Edad Media
26 febrero, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez

Respecto a la Inquisición, R. Pernoud (Régine Pernoud, Château-Chinon, 1909-París, 1998), investigadora minuciosa y una brillante escritora, explica que, en la vieja Europa, «la unión entre lo profano y lo sagrado era tan íntima que las desviaciones doctrinales adquirían una gran importancia»; y la herejía merecía «la reprobación general». Se comprende así que la Inquisición fuera «la reacción de una sociedad» que consideraba la defensa de la fe «tan importante como a nosotros nos parece la protección de la salud física». De ahí, la aceptación general de sanciones como la excomunión. La autora advierte, en este sentido que, si el historiador no tiene en cuenta el contexto, «se transforma en juez».
La Inquisición introdujo una «justicia regular», sistema garantista frente a «la arbitrariedad de la justicia laica» y «la venganza popular» contra los herejes.
La Inquisición tuvo «aspectos positivos» ya que «sustituyó el procedimiento de mera acusación por el de investigación o encuesta». E introdujo una «justicia regular», sistema garantista frente a «la arbitrariedad de la justicia laica» y «la venganza popular» contra los herejes. Pernoud no omite los abusos que se cometieron, pero apostilla que «no hay época que pueda comprender la Inquisición medieval mejor que la nuestra, haciendo una simple transposición de los delitos de opinión en el terreno religioso a los delitos de opinión en el terreno político».
El tribunal de la Inquisición, si bien había sido instituido para toda la Cristiandad, sería aplicado de hecho solo en los lugares más afectados por la herejía: Francia, Italia, España y Alemania, junto con los Países Bajos. En Inglaterra solo se instalaría para el juicio a los Templarios.
La Inquisición fue el producto de una cosmovisión diversa a la de hoy y, a pesar de los castigos (muchos de ellos sobredimensionados por la propaganda anticatólica), fue uno de los tribunales más benignos que hayan existido en la historia del derecho (recordemos que, si el imputado se arrepentía de sus faltas, la pena correspondiente no se aplicaba).
La pena de muerte nunca fue ejecutada ni por los inquisidores ni por los obispos, porque no correspondía a ellos hacerlo, sino al tribunal civil; era este quien aplicaba la pena que le correspondía por ley del estado.
Además, la historia de grandes hombres y mujeres nos dice lo contrario: investigados por la Inquisición fueron, entre otros, san Ignacio de Loyola, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila y hasta san José de Cupertino y todos ellos fueron absueltos.
La Edad Media significa para muchos una «época de subdesarrollo, ignorancia y embrutecimiento». Es la imagen que ofrecen el cine y la televisión, y la que han transmitido los planes escolares. La medievalista francesa Régine Pernoud (1909-1998), en su ensayo divulgativo Para acabar con la Edad Media, desmiente, mediante el estudio de las fuentes, los tópicos sobre ese periodo, destacando la riqueza aportada por la Edad Media a la cultura occidental.
«En la Edad Media nace el libro en su forma actual, el códex o códice, que sustituye al volumen, el antiguo rollo de pergamino» y se elabora «el lenguaje musical».
«El siervo no podía abandonar la tierra, pero el señor tampoco tenía derecho a expulsarlo. (…) La servidumbre era una especie de seguro para el campesino en los países de Europa occidental».
«Las mujeres [en la Francia medieval] votan como los hombres en las asambleas (…) abren tiendas a su nombre, ejercen el comercio sin necesidad de autorización del marido».
«Si tomamos al pie de la letra las canciones de gesta o las novelas de caballería, la humanidad que en ellas se describe se puebla de monstruos, enormidades y aberraciones».