Colaboraciones
Algunos documentos de la Iglesia católica que hablan de la eutanasia
05 diciembre, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez
Declaración “Iura et bona”. Uno de los principales documentos oficiales de la Iglesia católica sobre la eutanasia es la declaración “Iura et bona”, publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1980, que señala como argumento ético resolutorio “el principio de la inviolabilidad de la vida humana”. Se trata de un breve compendio de la moral católica sobre la enfermedad y la muerte.
Carta encíclica Evangelium vitae. Al anterior documento se añade la condena de la eutanasia formulada en los nn. 65 y 66 de la carta encíclica Evangelium vitae, con palabras especialmente solemnes. San Juan Pablo II afirma: “De acuerdo con el Magisterio de mis Predecesores y en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.
”Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio” (n. 65).
Y en el número 66 del mismo documento, se dice: “Ahora bien, el suicidio es siempre moralmente inaceptable, al igual que el homicidio. La tradición de la Iglesia siempre lo ha rechazado como decisión gravemente mala… Compartir la intención suicida de otro y ayudarle a realizarla mediante el llamado 'suicidio asistido' significa hacerse colaborador, y algunas veces autor en primera persona, de una injusticia que nunca tiene justificación, ni siquiera cuando es solicitada. La eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia del que sufre, debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante 'perversión' de la misma. En efecto, la verdadera 'compasión' hace solidarios con el dolor de los demás, y no elimina a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar. El gesto de la eutanasia aparece aún más perverso si es realizado por quienes —como los familiares— deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos —como los médicos—, por su profesión específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas.
”La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento. Se llega además al colmo del arbitrio y de la injusticia cuando algunos, médicos o legisladores, se arrogan el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir… De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de toda relación auténtica entre las personas”.
Constitución pastoral Gaudium et spes. En el n. 27 de la constitución pastoral Gaudium et spes se dice: “Cuanto atenta contra la vida —homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado—… deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador”.
Exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia. El Papa Francisco, en el n. 48 de su exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia afirma: “La eutanasia y el suicidio asistido son graves amenazas para las familias de todo el mundo. Su práctica es legal en muchos países. La Iglesia, mientras se opone firmemente a estas prácticas, siente el deber de ayudar a las familias que cuidan de sus miembros ancianos y enfermos”.
Catecismo. El Catecismo, en los nn. 2276-2279 nos dice:
La eutanasia
2276 Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.
2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.
Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre (cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et bona).
2278 La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el “encarnizamiento terapéutico”. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.
2279 Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados.
Declaración “La eutanasia es inmoral y antisocial”. En la declaración “La eutanasia es inmoral y antisocial”, de la CLXXII Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (19 de febrero de 1998), se afirmó que “la eutanasia es un grave mal moral”.
Nota de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida. La Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida publicó una nota el 21 de mayo de 2018, refrendada por la Comisión Permanente de nuestro episcopado, que dice: “La Iglesia siempre ha considerado la eutanasia como un mal moral y un atentado a la dignidad de la persona”.
Documento “Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida”. El presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida y obispo de Bilbao, Mons. Mario Iceta, presentó el miércoles 4 de diciembre de 2019 el documento “Sembradores de esperanza. Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida”. Con este documento se pretende “ayudar con sencillez a buscar el sentido del sufrimiento, acompañar y reconfortar al enfermo en la etapa última de su vida terrenal, llenar de esperanza el momento de la muerte, acoger y sostener a su familia y seres queridos e iluminar la tarea de los profesionales de la salud. El Señor ha venido para que tengamos vida en abundancia (cf. Jn 10, 10) y en Él hemos sido llamados a ser sembradores de esperanza, misioneros del Evangelio de la vida y promotores de la cultura de la vida y de la civilización del amor”.