COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

LA GRACIA BEATÍFICA DE DIOS

 

 

“UNA GOZOSA INVOCACIÓN A LA OBEDIENCIA: La omnipotente entrega es una evocación a la genuflexión, al contorno de la nívea piedad y no al poder terrenal, movido siempre por el vicio de la dentera humana. Nuestro Creador no opera como un patrón en el mercado de los días, sino como un Padre providente que hace familia, vertiendo amor que es lo que nos convierte en hijos, donde nadie es superior a nadie por pertenecer a la Iglesia o trabajar por el Reino.”

 

 

 

Víctor Corcoba Herrero, Escritor | 19.09.2026


 

 

 

I.- EL MÉTODO DIVINO;
NO ES EL AIRE MUNDANO

Nuestra historia es una historia de poder,
muy distinta y muy distante de lo celeste,
que todo lo depura y lo purga de ternura,
que es lo que nos da fuerza para caminar,
pues no podemos vivir sin sentir el amor.

Amar es acariciar con la acertada mirada,
fundirse en un mismo deseo desprendido,
dejarse acompañar y perseverar en la luz,
que es lo que realmente nos aclara el ser,
con el espíritu angelical del don glorioso.

Lo culminante es despojarse de miserias,
apartarse de caminos que nos envenenan,
y acercarse a espacios que nos acrisolan,
para ser liberados de todas las maldades,
y rescatados de codicias que nos falsean.

 

 

II.- EL NOMBRAMIENTO DIVINO;
NO ES EL TRIUNFO MUNDANO

El Señor no cesa de aclamarnos cada día,
él no se encierra, siempre está en partida,
nos busca en todo y nos rebusca a diario,
porque quiere que nadie quede excluido,
de su plan de amor ni de su plan de vida.

Se trata de abrirnos a quien es veracidad,
de dar oídos a la expansión de su palabra,
que sale inagotablemente a estimularnos,
para estacionar en la zona de la santidad,
dándonos la indulgencia de tragar saliva.

Lo vital no es el tiempo ni los resultados,
sino la disponibilidad para el encuentro,
la generosidad volcada en los ejercicios,
con la que nos ponemos a su reverencia,
con la gozosa gloria del deber cumplido.

 

 

III.- EL FUNDAMENTO DIVINO;
NO ES EL PULSO MUNDANO

Jesús quiere que descifremos lo azulado,
que contemplemos una vida para vivirla,
que expongamos una existencia asistida,
que estimula a levantarse tras las caídas,
a ponerse en marcha y a reponerse vivo.

El Redentor que no arrincona a ninguno,
que nunca excluye y nos quiere alegres,
salvados del mal y refugiados en el bien,
nos acompaña en encauzar el momento;
con lo mejor de sí, la cruz que nos guía.

Es nuestra gran esperanza por aquí abajo,
unirnos al sacrificio del amor de Cristo,
y de este modo entrar en el juicio etéreo,
cuya justicia es la compasión sin límites,
y cuya entereza es la caridad sin pereza.

 

 

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
19 de septiembre de 2026