Iglesia-Estado

 

Comunión y Liberación llama a reconstruir vínculos ante las elecciones del 29N, marcadas por la consternación tras el accidente de Urda

 

Comunión y Liberación (CL) ha publicado su manifiesto ante las elecciones generales del próximo 29 de noviembre, en el que hace un llamamiento a «reconstruir vínculos» en una sociedad marcada por el escepticismo, la polarización y la desconfianza hacia las instituciones.

 

 

 

05/11/26 | Marta Santín


 

 

 

  1. Escepticismo sobre la política
  2. La separación de poderes y los consensos de Estado, en riesgo
  3. Redes y medios ideologizados
  4. Explosión de casos de corrupción sin asumir responsabilidades políticas
  5. La política no puede definir el sentido de la vida
  6. Un voto sin adhesiones incondicionales
  7. Pactos de Estado, libertad social y laicidad positiva
  8. Laicidad positiva
  9. La responsabilidad no termina el 29 de noviembre

 

 

 


Un colegio electoral en las elecciones generales de 2023
(Firma: Joaquín Corchero / Europa Press).

 

 

 

El movimiento laical expresa también su «consternación» tras el accidente ferroviario de Urda (Toledo), que ha agudizado, a su juicio, el clima de malestar social con el que España afronta esta convocatoria electoral. Presentará su manifiesto en un acto público en Madrid el próximo 20 de noviembre.

El documento, titulado Reconstruir vínculos en un clima de escepticismo y polarización, se enmarca en una iniciativa que Comunión y Liberación suele poner en marcha cada vez que se convocan elecciones.

 

Escepticismo sobre la política

En sus primeras líneas, CL describe una sociedad en la que conviven dos actitudes aparentemente contrapuestas: quienes han dejado de confiar en la política y quienes depositan en ella expectativas de transformación casi absolutas.

«Se difunde el escepticismo sobre la política, la tentación de desentenderse de la vida común y una cierta desconfianza respecto a las instituciones», señala el texto. Al mismo tiempo, advierte de que hay quienes ponen sus esperanzas de cambio cultural y moral en «una acción política fuertemente utópica, sea del signo que sea».

Ante este escenario, el movimiento reivindica su voluntad de participar en la vida pública sin caer en ninguno de esos extremos: «Queremos participar en la vida política sin ceder al escepticismo y sin depositar en ella toda nuestra esperanza».

 

La separación de poderes y los consensos de Estado, en riesgo

Uno de los apartados centrales del manifiesto lleva por título «Nos jugamos la vitalidad de nuestro sistema constitucional». Comunión y Liberación considera que España atraviesa una etapa de polarización exacerbada en la que el desencuentro ha ido desplazando al diálogo, hasta dificultar la consecución de grandes acuerdos de Estado.

Entre las materias en las que echa en falta consensos figuran la política exterior, la educación, las migraciones, el mundo laboral y empresarial, la vivienda y las pensiones.

El diagnóstico no se limita a la esfera parlamentaria. El movimiento observa que la dificultad para dialogar y convivir se ha extendido al conjunto de la sociedad, donde, según denuncia, «el interés particular, la competitividad y el uso de la fuerza –incluso de la violencia– definen la convivencia».

 

Redes y medios ideologizados

También alerta de la confusión que generan los mensajes políticos y mediáticos. «El significado de las palabras es cada vez más ambiguo», afirma el documento, que apunta a la influencia de las redes sociales y de unos medios de comunicación «con frecuencia ideologizados» como factores que dificultan distinguir «lo verdadero de lo falso, y los hechos del relato partidista y de la propaganda».

A esta situación suma la disolución de los grandes consensos y la pérdida de independencia de las instituciones. Una preocupación que, según precisa, comparte con personas de sensibilidades culturales y políticas muy diferentes. El texto llega a advertir de que se está poniendo en peligro «la separación de poderes».

El manifiesto introduce además una reflexión sobre el carácter aconfesional del Estado y el papel de la política en cuestiones relacionadas con la vida, la familia y la sexualidad. Como ciudadanos de una sociedad plural, señala, les inquieta «una política "confesional" que pretende definir el comienzo de la vida humana, el significado y valor de la familia y de la sexualidad, así como la interpretación de nuestra historia».

 

Explosión de casos de corrupción sin asumir responsabilidades políticas

La corrupción ocupa también un lugar destacado en el diagnóstico. Comunión y Liberación denuncia «una explosión de casos de corrupción sin que se hayan asumido responsabilidades políticas», una circunstancia que, a su entender, ha alimentado la desconfianza y la desafección hacia el sistema.

Por todo ello, considera que las elecciones del 29 de noviembre no son una convocatoria más. Aunque reconoce que la posibilidad de una alternativa de gobierno forma parte de la normalidad democrática, sostiene que en esta ocasión está en juego algo más: «La vitalidad de nuestro sistema constitucional y de la "amistad cívica" que está en su origen y lo sustenta».

En este contexto, el movimiento recuerda las reiteradas llamadas del rey Felipe VI a favorecer el encuentro y el trabajo conjunto para lograr «un desarrollo armonioso de la riqueza pluriforme de nuestra nación» que permita fortalecer el futuro de la democracia.

 

La política no puede definir el sentido de la vida

El segundo gran eje del manifiesto es la necesidad de situar a la persona en el centro de la acción política. Para ello, Comunión y Liberación recupera unas palabras pronunciadas por León XIV durante su reciente visita a España, en las que el Pontífice afirmó que una sociedad verdaderamente justa se construye sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de cada persona.

El Papa definió el bien común como «la forma social de la dignidad humana», una expresión que el movimiento toma como referencia para reclamar una política orientada al servicio de las personas.

«La política tiene como tarea favorecer la construcción de la ciudad común», recuerda el documento, aunque precisa que, como enseña la Doctrina Social de la Iglesia, no constituye la fuente del sentido de la vida ni debe pretender definirlo.

 

Un voto sin adhesiones incondicionales

A partir de este planteamiento, Comunión y Liberación propone acudir a las urnas con realismo. El movimiento considera que votar es «un gesto serio que implica la razón y la libertad de cada persona» y manifiesta su intención de ejercer este derecho y deber desde su pertenencia a la Iglesia.

Sin embargo, insiste en que el voto no debe interpretarse como una adhesión incondicional a una formación política. «El voto expresa siempre una opción contingente y no supone una adhesión acrítica a un determinado partido, ni un cheque en blanco ni definitivo», subraya.

Para explicar qué entiende por realismo político, el manifiesto recurre a la encíclica Magnifica humanitas del Papa, de la que reproduce un extenso pasaje del número 218.

«El realismo auténtico no renuncia a cambiar el mundo: comienza por ver con claridad los intereses, los miedos, las limitaciones y las relaciones de poder, precisamente para calcular qué es posible lograr y con qué pasos», afirma la cita pontificia.

El texto añade que este realismo no consiste en reducir la política a la moralidad ni en entregarla a la violencia, sino en buscar soluciones concretas para que la paz sea algo más que una declaración de intenciones. Para ello, reclama «instituciones creíbles, garantías verificables, negociaciones pacientes, prevención de conflictos y protección de los civiles».

 

Pactos de Estado, libertad social y laicidad positiva

El manifiesto concreta esta propuesta en el respaldo electoral a «una fórmula de gobierno factible» que favorezca el diálogo, la libertad de la sociedad, una laicidad positiva y unas instituciones sólidas.

En primer lugar, reclama superar la confrontación política y terminar con el discurso del «muro» entre los españoles. Frente a la división, propone grandes pactos de Estado en favor del bien común, especialmente en política exterior —con atención a Europa y la paz—, educación, migraciones, mundo laboral y empresarial, vivienda y viabilidad del sistema de bienestar.

El documento pide tener especialmente presentes a los jóvenes y a las generaciones futuras y lanza una afirmación que resume su rechazo a la polarización: «No es verdad que quien piensa de otra forma es mi enemigo».

En segundo lugar, defiende la libertad de los sujetos sociales, particularmente en los ámbitos de la educación y el emprendimiento. En este sentido, reclama valorar positivamente la contribución de las familias, las asociaciones y las comunidades religiosas.

A juicio de Comunión y Liberación, esta libertad es una condición para que pueda desarrollarse una cultura que reconozca la dignidad inviolable de la persona humana, fundamento del Estado, en todas sus dimensiones: «Desde las cuestiones bioéticas a los derechos sociales y a los deberes de solidaridad con los más vulnerables».

 

Laicidad positiva

La tercera propuesta es una «laicidad positiva», que el movimiento entiende como aquella que renuncia al adoctrinamiento ético y al intervencionismo cultural, sea cual sea su contenido, y favorece el respeto efectivo al pluralismo de la sociedad y a sus distintas iniciativas.

Por último, reclama la regeneración, el prestigio y la independencia de las instituciones que configuran el sistema democrático.

Comunión y Liberación advierte de que el voto que surja de estos criterios será necesariamente «contingente» y estará ligado a las circunstancias de este momento histórico.

 

La responsabilidad no termina el 29 de noviembre

El movimiento concluye su manifiesto con una llamada a mantener el compromiso cívico más allá de la jornada electoral. Considera que votar, por importante y serio que sea, no exime a cada ciudadano de su responsabilidad personal ni de la tarea cotidiana de construir una sociedad más cohesionada.

«El ejercicio del voto, con todo su peso y seriedad, no nos dispensa de la responsabilidad personal y de la tarea cotidiana de escucharnos recíprocamente, reconstruir vínculos y promover, junto con otros, iniciativas que contribuyan al bien común», concluye el documento, firmado por Comunión y Liberación España en noviembre de 2026.