Tribunas

La salud y la fuerza del Papa

 

 

José Francisco Serrano Oceja


El Papa ingresa al Gemelli para ser intervenido quirúrgicamente.
(VATICAN MEDIA)

 

 

 

 

Mientras escribo estas líneas, el Papa está siendo operado en el Gemelli. Convierto así cada idea y cada palabra que escribo en una plegaria por el éxito de una intervención mayor, y por su pronta recuperación.

Antiguamente se decía en el Vaticano que un Papa goza de buena salud hasta que se anuncia su muerte. Ha pasado ya mucho tiempo desde que esa afirmación marcaba lo relativo a la salud de los Papas. Quien más, quien menos, tiene en la cabeza la historia final de san Juan Pablo II o la del Papa Francisco.

La paradoja de la noticia de la intervención del Papa León radica no en lo que tiene de expresión de su vulnerabilidad, todo lo humano es vulnerable, sino en la identificación entre el Papa León, una espléndida salud, el ejercicio del deporte y un largo pontificado.

No dudo que, Dios lo quiera, el pontificado del Papa León sea eso, un largo pontificado. Yo también he escuchado lo que en los Estados Unidos se cuenta acerca de la historia de la revelación privada a una religiosa que anticipó la elección de Prevost.

Nos hemos topado con la sorpresa de que el Papa León, que es y representa a un pontífice joven, de buena salud, haya anunciado su intervención.

Cuando se identificaba la enfermedad de los Papas con la edad, ahora descubrimos que el Papa, todavía siendo joven para la media de los papas, está en manos de Dios, como cualquier mortal.

Y que su fuerza no es sólo su salud. Su fuerza proviene del “Sígueme”, del “Te basta mi gracia”, del “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Su fuerza está en la unión íntima con el Señor de cara a la misión de confirmar la fe de sus hermanos.

La cuestión es cómo este susto, que dice la gente cuando se refiere a un episodio de salud de esta naturaleza, gracias a Dios, por lo que sabemos, controlado médicamente en sus primeros estadios, puede condicionar e influir incluso en la forma que el Papa afronte su pontificado.

Percibir que la vida, que es un don de Dios, y que el ejercicio de su misión está en manos de Dios, están relacionados con el tiempo, -y como buen agustino de la meditación sobre el tiempo sabe un rato-, es la condición de posibilidad del ejercicio de su ministerio.

Veremos si este episodio, que no es el de una enfermedad crónica, influye, por ejemplo, en la toma de decisiones sobre personas y sobre cuestiones que están en la mesa de la Iglesia desde hace no poco.

La Iglesia está dando grandes pasos en la comunicación desde el criterio de la transparencia. El Papa anunció el qué, no se detuvo en el cómo. Esto choca con los procesos del periodismo que siempre se vuelcan en el cómo hurgando el sentido de las acciones.

El Vaticano, que, sin duda, tiene que dar pasos en el ejercicio comunicativo de la trasparencia, ha apostado porque el Papa fuera quien anuncie la noticia de la que él es el protagonista, en continuidad con sus precedentes. Una noticia que no por bien presentada eliminaba las preguntas que generaba.

La imagen del Papa entrando a pie en el hospital es un buen mensaje comunicativo. De momento no se percibe inquietud alguna más allá de lo que supone entrar en un quirófano.

Ahora nos queda rezar por la salud del Papa, que está relacionada, en el tiempo del pontificado, con la salud de la marcha de la Iglesia.

 

 

José Francisco Serrano Oceja