Tribunas

León XIV: sobre la Liturgia (I)

 

 

Ernesto Juliá


El Papa León XIV durante la audiencia del miércoles.
Foto: Vatican media

 

 

 

 

 

En las últimas Audiencias de los miércoles, León XIV está hablando de Liturgia, comentando la Constitución conciliar Sacrosanctun Concilium, del Concilio Vaticano II. Y está siguiendo el buen consejo de Benedicto XVI, de leer el Concilio aplicando la “hermenéutica de la continuidad”, bien consciente de que la Iglesia nos invita a descubrir a Cristo, que quiere vivir con nosotros, y que nosotros vivamos con Él, todas las acciones litúrgicas: especialmente los Sacramentos, y de manera muy particular en la Eucaristía; y teniendo muy presente otras palabras del mismo Papa en 2011: “No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente hacia la desembocadura” (27-V-2026).

Sobre el primer punto, la presencia de Cristo, sus palabras no pueden ser más certeras:

“Cristo mismo es el principio interior del misterio de la Iglesia, el pueblo santo de Dios, nacido de su costado traspasado en la cruz. En la santa liturgia, con el poder de su Espíritu, Él sigue actuando. Santifica y asocia a la Iglesia, su esposa, a su ofrenda al Padre. Ejerce su sacerdocio absolutamente único. Él que está presente en la Palabra proclamada, en los sacramentos, en los ministros que celebran, en la comunidad reunida y, en grado sumo, en la Eucaristía (cf. SC, 7). Así es como, según San Agustín (cfr. Serm. 277), al celebrar la Eucaristía, la Iglesia “recibe el Cuerpo del Señor y se convierte en lo que recibe”: se convierte en el Cuerpo de Cristo, “morada de Dios en el Espíritu (Ef 2, 22). Esta es “la obra de nuestra redención, que nos configura a Cristo y nos edifica en la Comunión” (20-V-2026).

Y añade que el Concilio nos recuerda esa presencia del Señor en todas las acciones litúrgicas con palabras muy claras: “Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz”, sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza” (SC, 7).

Hablando del segundo punto, para que los fieles sean más conscientes de esa presencia de Cristo en la Santa Misa, el Papa recuerda que el binomio “tradición y progreso” ha estado latente a lo largo de la historia de la Iglesia, y que en todo cambio se ha tenido en cuenta que una parte de la Liturgia “es inmutable por ser de institución divina”; y que hay “otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados” (SC, 21).

Y subraya que para cualquier cambio que se vea oportuno hacer, se haga “cuando responda a una “utilidad verdadera y cierta de la Iglesia”, y se lleve a cabo “después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes /SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por “una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral (ibid). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientación a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia” (cf. SC, 22).

León XIV termina la Audiencia en la que se refirió especialmente a la “tradición y al progreso” con estas palabras:

“Exhorto, por lo tanto, a todos aquellos que están llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen en ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respecto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia que nace de la actitud interior de disponibilidad y de entrega a Dios, manifestando humildad frente a su grandeza y fidelidad sincera a la comunión eclesial” (27-V-2026).

 

 

Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com