Tribunas

En memoria del P. Rodríguez Ponce, jesuita

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Jesuitas.

 

 

 

 

Me avisaron pocas horas después, el pasado día 10 de agosto, del fallecimiento del P. Juan José Rodríguez Ponce, jesuita.

Inmediatamente me vivieron a la cabeza un montón de recuerdos de una relación continuada en el tiempo, intensa, al ritmo de los acontecimientos vividos en la archidiócesis de Madrid en los últimos años.

En la Iglesia en Madrid, desde el cardenal Tarancón hasta ahora, a no ser que contemos que monseñor Martínez Camino sea el jesuita representante y representado, siempre ha habido un jesuita en el Consejo Episcopal.

El P. Rodríguez Ponce fue el jesuita del largo pontificado de Rouco, algo que sorprendía a propios y a extraños. Dato que no se si algunos digerían, e incluso digieren, bien.

Que un jesuita estuviera en el entorno de un arzobispo de Madrid que era considerado la mímesis jesuítica, con unas relaciones más que particulares con la vida consagrada, no era un dato que pasara inadvertido.

Cuestión ésta que no debe extrañarnos. Si por algo se caracterizan los jesuitas es por su libertad. Libertad en la elección de las misiones, libertad en la fronteras, físicas, culturales y sociales, libertad de actuación. Que el cardenal Rouco tuviera cerca, muy cerca, a un jesuita, era un reflejo de lo que sin lugar a dudas la Compañía de Jesús ha representado para la historia de España y para la Iglesia en Madrid. Incluso para la vida del cardenal Rouco.

Pero claro, el P. Rodríguez Ponce no era cualquier jesuita. Como se dice en el vulgo, era un jesuita de san Ignacio. No diré, porque no era así, que era de la Vera Compañía, término técnico que define en la historia a un grupo de jesuitas que quisieron una provincia paralela, pero sí era un jesuita fiel al carisma, a las constituciones, formado en una “mens” clásica, crítico, en la medida justa, en el calibre y en la forma adecuada, con algunas derivas a todas luces llamativas de la Compañía en el postconcilio.

Si por algo se caracterizaba el Padre Rodríguez Ponce era por su magisterio espiritual. Conocía perfectamente los recovecos del alma humana, de la vida en el espíritu.

Durante años fue director espiritual del Seminario de Madrid. Hasta el final de su vida atendía con delicadeza a las personas, muchos de ellos sacerdotes, que con él se dirigían. Podría dar fe de que lo suyo eran los casos difíciles de personas atribuladas por los avatares de existencias complejas. Sabía, como nadie, poner orden y, sobre todo, tranquilizar espíritus.

La ficha biográfica de los ministerios del P. Juan José Rodríguez Ponce, que ha publicado la Compañía de Jesús, da buena cuenta de su vida silente, fecunda en la siembra paciente de la semilla del Evangelio sin glosa.

Cito literalmente:

“1969-00, MADRID-Pozo: Teología en U.P. Comillas (69-74). Párroco de San Raimundo de Peñafort (74-82). Arcipreste de San Carlos Borromeo (77-82). Vicario de las Vicarías IV y V (86-94). Superior, consultor de Provincia, Secretario general de la Provincia Eclesiástica de Madrid, Vicedelegado Provincial de Pastoral (94-00).

2000-07, MADRID-Maldonado: Colabora en la parroquia, consultor de la casa, Delegado Provincial de Pastoral (00-07). Superior, párroco (01-07). Coordinador Provincial de la Comisión de Residencias y Templos. Coordinador de Ejercicios en la vida diaria.

2007-11, MADRID-Cadarso: Superior. Vicario adjunto a la Vicaría del Clero. Espiritual del Seminario Diocesano. Da Ejercicios.

2011-18, MADRID-Ventilla: Vicario adjunto a la Vicaría del Clero. Espiritual del Seminario Diocesano. Da Ejercicios. Admonitor. Consultor de la casa.

2018-26; MADRID-Teologado General Pintos: Admonitor y consultor de la casa (18-23). Director Espiritual del Seminario Diocesano (18-25). Da Ejercicios. Operario (25-26)”

Siervo bueno y fiel, el P. Rodríguez Ponce nos enseñó a muchos a entender y a amar a la Compañía de Jesús en la época contemporánea.

Descanse en paz en la Compañía de Jesús eterno.

En el momento

mayayo, matos,

80 años de edad,

51 de sacerdocio y 62 de Compañía

 

 

José Francisco Serrano Oceja