Opinión
16/07/2026
Una partida de ajedrez
Pedro María Reyes
La cismática consagración episcopal de la Fraternidad San Pío X.
Foto: FSSPX

El actual estado de relaciones entre la Santa Sede y la Fraternidad de San Pío X (FSSPX) parece una partida de ajedrez: cuando parecía que la Santa Sede había lanzado un jaque mate, la FSSPX responde protegiendo al rey con una pieza que nadie había advertido, y obligando a tantear una nueva estrategia.
No es posible saber cómo va a acabar en el corto plazo esta situación, pero es previsible anticipar que en el largo plazo la FSSPX tiene la partida perdida. Esta institución, como todo el mundo, tiene el derecho a defender su legítimo interés con los medios jurídicos a su alcance, pero la Santa Sede tiene la función de proteger el interés general de toda la Iglesia, y ahí entra el declarar la excomunión de quienes se apartan de la obediencia al Romano Pontífice y más aún de quienes consagran Obispos contra su mandato expreso.
Al ser una jugada estratégica, me parecería oportuno que la Santa Sede dé por recibida la presentación del recurso y la conteste con los argumentos adecuados, porque de esa manera queda para la historia que se pusieron todos los medios.
Pero en el muy largo plazo, quienes perdemos somos todos: los fieles que siguen a la FSSPX porque se van a encontrar con un grave dilema moral cuando se acaben los recursos y tengan que decidir con quién quieren estar, y la Iglesia, porque una herida en el Cuerpo Místico de Cristo siempre hace daño.
Nadie quiere que la FSSPX se vaya, pero este mismo recurso (cuyo contenido no se conoce, pero se adivina) implica una voluntad de mantenerse firme en la ruptura y la desobediencia. De hecho en el comunicado de la FSSPX no aparece ninguna muestra de arrepentimiento, condición necesaria para el regreso de estas personas. No será de extrañar por ello que se confirmen las excomuniones del decreto del 2 de julio.
Solo queda por lo tanto rezar a Dios para que en su misericordia se digne acortar la prueba de una escisión más en la túnica inconsútil de la Iglesia.
Pedro María Reyes