Tribunas

León XIV. Dios sueña con nosotros (III)

 

 

Ernesto Juliá


Papa León XIV
(Vatican Media).

 

 

 

 

 

“Queridos amigos y amigas, os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”.

Estas palabras de León XIV en un centro penitenciario de Barcelona han dado la vuelta al mundo. Y la seguirán dando. Las hemos recogido en el primero de estos artículos, y las volvemos a escribir en este. Un Dios que sueña con el hombre, que acompaña al hombre en sus sufrimientos y en sus alegrías. Y que no deja nunca de amar a esta criatura suya, que somos cada uno de nosotros, “su imagen y semejanza”. Dios que se ha revelado al mundo en la persona de Jesucristo, Dios y hombre verdadero. “Quién me ha visto a Mí, ha visto al Padre” (Jn 14, 9), dice el Señor.

“Buenas noches Santo Padre. Vengo de una familia de un barrio muy humilde de Barcelona. De pequeña mi padre intentó matar a mi madre, y se salvó porque se interpuso un chico que murió. Mi padre ingresó en la cárcel, y mi madre entró en el mundo de las drogas. A los diez años los servicios sociales se hicieron cargo de mí, y me llevaron al centro de menores de San José de la Montaña. Al principio fue duro, pues me había creado un muro para protegerme, donde no dejaba entrar a nadie. Pero poco a poco experimenté por primera vez el amor de familia, y mi corazón se fue abriendo. Allí me hablaron de Jesús, empecé a rezar y me bauticé. Pero en mi adolescencia me rebelé contra Dios muchas veces. Me invitaron a un retiro y allí por primera vez experimenté el amor de Dios. Pero han pasado unos meses, y aún me cuesta perdonar a mi padre. Y a veces levanto los ojos al cielo y le pregunto ¿dónde estabas cuando era una niña? Santo Padre, ¿cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?”

El sufrimiento físico y moral lo podemos encontrar –y de hecho lo encontramos- en la vida de cada uno de nosotros. Desde la Cruz Cristo da sentido a todo sufrimiento, y clavado en la Cruz, Cristo a permanecer siempre, hasta el final de los siglos, para que nosotros podamos sufrir con Él, y Resucitar con Él.

Consciente de que Cristo ha dado sentido a todo sufrimiento humano, León XIV aprovecha las preguntas para situar a la mujer en una auténtica relación con Dios.

“Es realmente signo de la gracia de Dios que esta pregunta surja de un pasado tan marcado por el sufrimiento y que, a pesar del dolor, se tenga la valentía de preguntar cómo es posible perdonar a quien nos ha hecho mal. (...) No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad; no podemos imaginar que Dios desde lo alto responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda; Él nos ha dotado de inteligencia y voluntad, nos ha dado una conciencia, nos ha revestido de dignidad y de libertad, y sobre todo ha venido a nuestro encuentro para indicarnos, en su Hijo Jesucristo, el camino a seguir  para que nuestra vida sea plenamente humana y en nuestra sociedad reinen la justicia, la paz y la fraternidad.

Jesucristo ha venido a la tierra para redimirnos del pecado, y darnos la gracia –viviendo con nosotros- para que podamos vivir pidiendo perdón y perdonando a quienes ofendemos o nos ofenden.

“Todo esto nos ayuda a entrar cada vez más en la dinámica del perdón y a reconciliarnos con Dios y con los demás. Somos pecadores perdonados, estamos en paz y somos capaces de perdonar. Capaces de ser portadores de paz”.

Con las respuestas a estos tres jóvenes, el Santo Padre no ha expresado una muy cercana manifestación de la práctica de las tres virtudes teologales que, de alguna manera, expresan la relación del hombre con Dios –Fe, Esperanza, Caridad. Vividas un día y otro, aunque nos cueste, hacen posible que descubramos el Amor que Dios nos tiene. Amor, que quiere que nosotros vivamos con todos nuestros prójimos.

 

 

Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com