Tribunas
01/06/2026
La conversión de Ernesto Castro y la confesión de Arcadi Espada
José Francisco Serrano Oceja
Tengo a Arcadi Espada como uno de los provocadores culturales más inquietantes del momento. Esto quiere decir que con sus sábanas unas veces me reconforta lo que escribe y otras me desespera.
Estamos en unos días, si se me permite la expresión, “papistas”, primera acepción de la RAE, en grado sumo. Quizá la fibra sensible del pueblo español sea esa, mirar a Roma hasta la torticolis. Y después dicen que ha desaparecido el catolicismo y después hablamos de secularización. Vamos a ver el próximo fin de semana cómo andamos de músculo.
Hasta la televisión pública, y la radio pública, y los medios afines al desgobierno, se han entregado a dar cancha al viaje del Papa, que esto parece un nuevo “nacionalcatolicismo”. Interesado, sin duda, pero nacional-catolicismo.
Pues hete aquí que Arcadi Espada, o España, ayer domingo, se larga una soflama de las suyas en las que mezcla lo divino y los humano, el Vaticano I con el IV de Letrán, o no sé si el V, el fracasado, la figura retórica con la estética del verbo y del sustantivo.
Diga lo que diga está diciendo que Dios, el cristianismo, el Papa, lo que el Papa afirme sobre la IA, puede ser anacrónico, mensaje falso, un grito de impotencia, estética de moda, … pero, amigo, (ya) no es irrelevante.
El Papa Prevost, es curioso porque Juan Vicente Boo en su libro le llama al menos una vez “Martínez Prevost”, ha conseguido que el cristianismo haya dejado de ser irrelevante repitiendo lo que la Santa Iglesia ha dicho toda la vida del mundo.
Los Papas, ya se ve, no tiene que ser originales, provocativos, disruptivos, cambiar la doctrina o despistarse en los nombramientos. Tienen que ser Papas para que se les haga caso. Y cada vez más Papas, por cierto.
Pero lo que más me interesa, por ahora, es dejar constancia del bautismo del joven filósofo y profesor de Estética de la Universidad Autónoma de Madrid, Ernesto Castro, que ha escrito una carta al Papa, con motivo de su venida, que es como para leer varias veces.
Ojo con lo que está pasando en la Autónoma de Madrid en sus departamentos de filosofía, y no solo filosofía, con el cristianismo. Ha llegado una generación que está enterrando los últimos efluvios nihilistas y se está asomando al cielo que ya no puede esperar.
Cuenta Ernesto Castro, en un texto bien jaleado en las redes sociales, que “las normas mínimas de cortesía del género que he adoptado para escribirle a —que no sobre— usted me exigen la desfachatez de que me presente. «Hola, me llamo Ernesto, tengo 35 años, doy clases de filosofía en la universidad y me bauticé y confirmé y comulgué por vez primera hace dos semanas», ¿con eso basta? Quizá debería añadir que mi conversión, que me sacudió hace un año y aún se intenta cada día, fue iniciativa de la Virgen de Montserrat, a quien me alegro de que usted vaya a visitar. ¿Y con eso basta?
Ante usted me siento tan abrumado y paralizado como debieron de sentirse aquellos soldaditos de plomo franceses a los que Napoleón intentó espolear en vano ante las pirámides egipcias. «Cuarenta siglos os contemplan». Veinte siglos y trece leones, en su caso”.
El resto de la carta es frescura, genialidad e insolencia de la buena. Sí, insolencia, tercera acepción de la RAE, como es en parte este nuevo catolicismo.
José Francisco Serrano Oceja