Opinión

El empresario rico y santo

 

 

Pedro María Reyes


Enrique Shaw, “el Empresario de Dios”.

 

 

 

 

 

Parecería que la profesión de empresario está en las antípodas de la santidad, y menos aún si no se trata de un pequeño comerciante que lucha, como casi todo el mundo, por llegar a fin de mes, sino de un gran empresario y además rico. Pero hay una interesante figura que contradice esta visión, y que merece ser destacada porque nos recuerda que cualquier profesión honrada (y también lo es la del empresario) es camino de santidad, si se realiza con amor de Dios y con el ejercicio heroico de las virtudes.

Enrique Shaw fue graduado de la Escuela Naval Militar, pero dejó la carrera castrense porque sentía que Dios le llamaba a santificarse en el mundo empresario. Participa de Acción Católica y funda la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE). Llegó a dirigir una de las más importantes vidrieras de Argentina, Cristalerías Rigolleau, que empleaba a unos 3500 trabajadores en su época. Formó una familia en la que nacieron nueve hijos, uno de los cuales es un sacerdote que vive en Kenya desde hace muchos años. En 1957 se le detecta un cáncer incurable, pero eso no disminuyó su actividad. Participa de la fundación de la Universidad Católica Argentina, expone en congresos de empresarios, y también escribe.

Tenía un elevado concepto de la misión del empresario: «el empresario debe encarnar a Cristo en la empresa. La forma de hacerlo es aplicando sus enseñanzas. Aplicar la doctrina cristiana, el mensaje de Cristo a problemas concretos de la función del empresario».

Desarrolló Pinamar, actualmente uno de los más importante centros de vacaciones en la costa atlántica argentina, para facilitar veraneos sanos a mucha gente. Se formó en Harvard, uno de los primeros argentinos en hacer estudios de postgrado.

Y sobre todo, tenía una intensa vida de oración. Participaba de la Misa a diario, llevaba un Evangelio consigo para meditar. Rezaba el rosario en familia diariamente, una práctica que consideraba el mejor legado para sus hijos, y también tenía dirección espiritual.

Murió en 1962 con solo 41 años, una vida corta pero intensa que ha dejado un legado profundo.

El Papa Francisco, que lo conoció, lo consideraba santo: «yo conocí gente rica y estoy llevando adelante acá la causa de beatificación de un empresario rico argentino, Enrique Shaw que era rico, pero era santo. O sea, una persona puede tener dinero. Dios se lo da para que lo administre bien. Y este hombre lo administraba bien. No con paternalismo, sino haciendo crecer a aquellos que necesitaban de su ayuda» (entrevista con Televisa, 17-III-2015).

La ACDE, fundada por él, promovió la causa de beatificación. En 2021 fue proclamado Venerable y el Papa León XIV, en diciembre de 2025, aprobó la beatificación. Aún no se ha fijado la fecha, pero en Argentina ya hay gran expectación por el que será el primer empresario que llega a los altares.

El ejemplo de Enrique Shaw será un estímulo para todos los fieles que deben santificarse en la vida ordinaria, y pienso que encarna bien una de las sugerencias del Papa León XIV: «la iniciativa empresarial puede ser una verdadera vocación, capaz de generar riqueza y mejorar la vida de todos, siempre que reconozca la creación de empleo digno y de valor como parte esencial de su servicio a la sociedad, y no como una variable dependiente únicamente del beneficio» (enc. Magnifica humanitas, n. 157).

Que el próximo beato interceda para que la doctrina social de la Iglesia penetre en todos los ambientes.

Más información sobre Enrique Shaw en este enlace.

 

 

Pedro María Reyes