05/05/2026 | por Grupo Areópago
Cada vez vemos más colchones en nuestras calles, aunque no sea día de recogida de enseres en los contenedores, tal cual marca la normativa municipal. No son sólo basura o un trasto para tirar, sino que son el reflejo de un problema social mucho mayor; los colchones en la calle delatan el movimiento de alquileres de habitaciones en los edificios; los colchones en la calle hablan de familias viviendo en una sola habitación, los colchones en la calle evidencian los elevados precios de alquileres de habitaciones y de viviendas con rentas inasumibles, los colchones en la calle son el reflejo de una forma de vida injusta e insuficiente. Los colchones en la calle son el reflejo una vez más de que el derecho a la vivienda no está garantizado. Un derecho “fake”.
La realidad es más que preocupante, porque acceder a una vivienda en España se ha convertido en algo inasumible para muchas personas por varios motivos: por el alto precio de la vivienda, o el incremento del precio del alquiler o el aumento de pisos turísticos; así como el escaso número de oferta de viviendas sociales, por no decir ninguna. Tener una vivienda en propiedad para la mayoría de los ciudadanos, es un sueño y cuando se cumple su nivel de endeudamiento es grande ya que es necesario pedir altos créditos hipotecarios o incluso pedir ayuda a las entidades sociales. Es claro: o pagas la vivienda o no comes. Los hogares donde vive principalmente muchas personas migrantes, o en situación de extrema vulnerabilidad, son habitaciones con colchones y algún mueble, con o sin derecho a cocina y a baño.
Los colchones en la calle hablan de desahucios, de familias que no pueden pagar hipotecas o cumplir con los contratos de alquiler. En una nota de prensa de 20 de marzo de 2026 del Poder Judicial se afirmaba que “las ejecuciones hipotecarias y los concursos registrados en los órganos judiciales crecieron en 2025 un 30 % respecto al año anterior”; esto significa que más gente se está arruinando y por tanto en 2025 más personas perdieron su vivienda o están a punto de perderla. Año tras año las cifras de la vulnerabilidad aumentan.
No estamos ante un problema puntual, sino ante una realidad que no deja de crecer mientras las soluciones no llegan. Es un problema político. Es un problema de todos. La pregunta es ¿Cuántos colchones veremos en la calle? ¿Cuántas personas seguirán viviendo en una habitación con sus hijos? ¿Cuántas pagarán 700 euros por ese alquiler de habitación que apenas permite vivir dignamente? ¿Cuántas familias seguirán hacinadas en un cuarto? ¿Cuántos compartirán el colchón? El derecho a la vivienda sigue siendo incierto, las medidas públicas en materia de vivienda no son suficientes.
Los colchones en la calle no son basura, nos hablan de una emergencia social, la vivienda. Pero ¿quién va a hacer algo? Los colchones en la calle les pueden recordar a los políticos y a las instituciones de que sus decisiones políticas no llegan o no son suficientes para las personas que viven en esas condiciones o se quedan en la calle.
GRUPO AREÓPAGO