Diócesis

 

El obispo de San Sebastián, conmovido por la procesión del Viernes Santo después de 50 años

 

Fernando Prado: "Esta procesión es mucho más que la recuperación de una tradición querida. Es un signo humilde y valiente de una Iglesia que quiere hacerse presente en medio de su pueblo"

 

 

 

07/04/26 | Marta Santín, X


 

 

 

La Semana Santa ha regresado a las calles de San Sebastián tras medio siglo de ausencia, en una noche que ya forma parte de la memoria colectiva de la ciudad. La procesión del Viernes Santo, recuperada después de 50 años, ha supuesto no solo la vuelta de una tradición, sino también el cumplimiento de un sueño expresado por el obispo Fernando Prado Ayuso en su carta programática.

 

 

 

  1. "La fe vuelve a salir a la calle en San Sebastián"
  2. Una llamada para los alejados
  3. Un sueño recogido en su plan pastoral
  4. Una noche histórica en las calles
  5. Por qué desapareció durante 50 años

 

 

 


Mons. Fernando Prado durante la procesión
del Viernes Santo en San Sebastián.

 

 

 

Miles de personas acompañaron o contemplaron el cortejo procesional en el centro de la capital guipuzcoana, en un ambiente de gran expectación, respeto y recogimiento en una tarde histórica.

Y aunque en la organización de la procesión, el obispo no ha tomado ningún protagonismo porque la iniciativa ha sido impulsada por un grupo de laicos, Fernando Prado acompañó el cortejo procesional y leyó unas palabras antes de que diera comienzo, justo al final de la celebración de los oficios del Viernes Santo en la catedral.

 

"La fe vuelve a salir a la calle en San Sebastián"

El prelado expresó su emoción y el profundo sentido espiritual de este acontecimiento. “Acogemos con verdadera alegría que la fe vuelva a salir a la calle en San Sebastián. Esta procesión que hoy saldrá es mucho más que la recuperación de una tradición querida”, afirmó, según recoge una nota a la que ha tenido acceso Religión Confidencial.

En sus palabras, el obispo quiso subrayar el valor eclesial y social de la procesión, enmarcándola como un gesto de presencia de la Iglesia en medio de la vida cotidiana: “Es un signo humilde y valiente de una Iglesia que quiere hacerse presente en medio de su pueblo. Sacamos a la calle la Pasión del Señor para orar en comunidad y recordar a todos que Dios camina con la humanidad, con esta ciudad, con sus sufrimientos, con su vida a cuestas”.

Lejos de quedarse en lo meramente cultural o estético, Fernando Prado Ayuso insistió en la necesidad de vivir este momento con profundidad: “Lo vivimos con entusiasmo, pero quisiera que, especialmente, se viva con hondura espiritual y sentido de misión. No se trata solo de mirar un desfile, sino de dejarnos interpelar por esas imágenes que nos hablan del Evangelio y de nuestra vida”.

 

 

 


Procesión del Viernes Santo en San Sebastián.

 

 

 

Una llamada para los alejados

El obispo también lanzó una invitación abierta a toda la sociedad, incluyendo a quienes se sienten alejados de la fe: “Este momento puede ser una llamada para muchos corazones, también para los más alejados. La Iglesia quiere que lo vivamos como una ocasión de encuentro, de diálogo y de testimonio público de la fe”.

En una sociedad plural, añadió, este tipo de manifestaciones deben entenderse desde el respeto y la convivencia: “Salir a la calle así es ofrecer con respeto la esperanza cristiana a todos”. Y concluyó con palabras de agradecimiento a las cofradías: “Gracias a todos los cofrades por este testimonio que al obispo también le conmueve. Así que ánimo y ¡adelante!”.

 

 

 


Procesión del Viernes Santo en San Sebastián.

 

 

 

Un sueño recogido en su plan pastoral

La recuperación de esta procesión no es un hecho aislado, sino que conecta directamente con uno de los ejes del proyecto pastoral y "sueños posibles" que Fernando Prado Ayuso presentó en 2024. En su carta programática, el obispo dedicaba el punto 121 a la piedad popular, subrayando su valor como herramienta evangelizadora y de cohesión social.

“La religiosidad o piedad popular se presenta hoy como una oportunidad extraordinaria de acercamiento a la Iglesia, de presentación del mensaje cristiano y del compromiso solidario con los necesitados”, escribía. En ese mismo texto, destacaba que celebraciones como peregrinaciones, romerías o fiestas religiosas permiten mostrar “una Iglesia cercana y abierta, humilde pero presente y solidaria”.

El documento también ponía en valor la dimensión comunitaria de estas expresiones: “En estas celebraciones y encuentros colectivos de contenido netamente católico, se cohesiona la vida de nuestros pueblos y también de la comunidad cristiana”. Según el obispo, en ellas se experimenta el sentido de pertenencia: “Disfrutamos ahí de sentirnos parte de un ámbito más grande junto con nuestros vecinos, de sentirnos ciudadanos, de sentirnos pueblo con los demás”.

Además, la carta resaltaba el valor cultural y espiritual de estas tradiciones: “Los cantos, los gestos, las imágenes, los bailes y tantas otras cosas nos hablan de un popular entramado de folklore, cultura y religiosidad en el que todos nos hemos criado y que forma parte de lo que somos”.

Lejos de minusvalorar estas manifestaciones, el obispo defendía que en ellas “podemos palpar la verdadera reserva espiritual de nuestro pueblo”. Y concluía con una llamada clara: acompañar, impulsar y revitalizar estas expresiones “es sembrar y transmitir el Evangelio; es dar testimonio de la fe y razón de nuestra Esperanza”.

La procesión del Viernes Santo celebrada ahora en San Sebastián se presenta, por tanto, como una materialización concreta de esa visión pastoral.

 

 

 


Jesús Nazareno en la procesión
del Viernes Santo de San Sebastián.

 

 

 

Una noche histórica en las calles

La ciudad vivió la procesión con una mezcla de emoción, respeto y sorpresa. Miles de personas acompañaron el recorrido, muchas de ellas participando activamente y otras observando en silencio un acontecimiento que no se producía desde hacía décadas.

Las imágenes de la Pasión recorrieron las calles en un ambiente de recogimiento, con momentos de oración comunitaria y expresiones de devoción popular. Las cofradías, que llevaban años trabajando discretamente para hacer posible este regreso, fueron protagonistas de una organización cuidada al detalle.

Mucho antes de la salida, ya podía percibirse la expectación: el entorno de la catedral del Buen Pastor y buena parte del recorrido se encontraban completamente llenos, recoge la diócesis de San Sebastián.

El cortejo se desarrolló según el orden previsto por la organización. Lo abrió la Cruz de Guía y el estandarte de la Cofradía, seguidos por los niños con vestimenta hebrea y la banda de txistularis. A continuación marchó el grueso de nazarenos en dos filas, precediendo al paso del Nazareno, acompañado por la Verónica.

Después continuó el resto de los nazarenos junto a los tambores y los niños con diversos objetos de la Pasión —coronas de espino, clavos, lanzas—, dando paso a la imagen del Cristo Yacente. El tramo final estuvo formado por las Tres Marías y el paso de la Soledad, seguidos de la cruz alzada y los ciriales, acólitos, el clero, un grupo de cofrades de civil y la banda de música.

Uno de los aspectos más destacados de la noche fue el respeto con el que toda la ciudad acompañó el desarrollo del acto. Independientemente de las creencias de cada cual, sin que se registraran incidentes ni interrupciones.

Se vivió un clima de intensa espiritualidad y religiosidad popular, en el que apenas se escuchaban, en buena parte del recorrido, la banda, los tambores y bombos, junto con el murmullo del obispo rezando el rosario.

 

 

 


Procesión del Viernes Santo en San Sebastián.

 

 

 

Por qué desapareció durante 50 años

Uno de los aspectos que más interés ha suscitado es el motivo por el cual esta tradición dejó de celebrarse durante tanto tiempo. Según explicó Santiago Reyes, miembro del comité organizador, la interrupción no se debió a razones políticas, como a veces se ha creído.

Según Santiago Reyes, la interrupción de las procesiones en Guipúzcoa durante los años 70 se debió a una interpretación equivocada del Concilio Vaticano II. "En toda la Diócesis, salvo en tres pueblos, se perdieron las procesiones. Muchos sacerdotes pensaban que eliminar estas manifestaciones permitiría una fe más adulta y comprometida”, señaló. Sin embargo, Reyes subraya la importancia de reconocer las virtudes de la religiosidad popular y su valor para la comunidad: “Nuestra sociedad ha cambiado tanto que hoy vuelve a ser conveniente fomentar las procesiones en Semana Santa", recoge Vatican News.

La recuperación ha sido posible gracias al impulso de un grupo de vecinos comprometidos y de la comunidad cristiana local, que han trabajado durante años para devolver esta celebración a la ciudad.

La iniciativa para reactivar la cofradía comenzó en la Semana Santa de 2025, cuando un grupo de laicos pidió al párroco que se organizaran procesiones en 2026 tras una exposición de imágenes de la Pasión en la Catedral. Reyes desempeñó un papel clave en la búsqueda de enseres y materiales necesarios para la procesión, ya que gran parte del patrimonio histórico se había perdido. “Solo conservamos algunas imágenes, que hemos limpiado y al que se le han confeccionado nuevos trajes”, explicó.

Entre los pasos restaurados se encuentran Jesús Nazareno, Cristo yacente y Nuestra Señora de la Soledad, que desfilarán en procesión. Otros pasos, como la Oración en el Huerto, Jesús ante Pilato y el Calvario, se expusieron en la Catedral.

Los jóvenes han tenido un papel fundamental, participando con entusiasmo en los ensayos y llevando a hombros las imágenes con gran ilusión. Incluso algunas personas no bautizadas se han acercado a la cofradía, lo que, según Reyes, podría abrir la puerta a que conozcan más sobre la fe y la Iglesia.

 

 

 


Procesión del Viernes Santo en San Sebastián.