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Las carmelitas emocionan con sus cantos cuaresmales… pero los jóvenes brillan por su ausencia

 

 

 

08/03/26 | Zenón de Elea


 

 

 


Oración cuaresmal con las carmelitas
de un convento de Madrid.

 

 

 

Este sábado me he acercado a un convento de clausura, concretamente al de las carmelitas de Madrid, para acompañar a la comunidad monástica en su oración cuaresmal por las necesidades del mundo y por la paz, tal y como anunciábamos en Religión Confidencial.

Ver a ese pequeño grupo de carmelitas —ocho, creo haber contado— en el coro alto de la iglesia del convento, cantando sus cantos litúrgicos tradicionales, tocando el órgano y recitando los salmos, ha sido profundamente emocionante. Y cuando digo emocionante, es que la emoción ha acompañado verdaderamente a la fe. Ha sido una celebración impactante, muy sentida. Esa ha sido, al menos, mi experiencia.

Mientras participaba en la oración, recordé inevitablemente la última Nota doctrinal de los obispos españoles sobre el papel de las emociones en el acto de fe: Cor ad cor loquitur, el corazón habla al corazón.

Ciertamente, tal y como declaraba Mons. Conesa a Religión Confidencial, la nota advierte del riesgo que supone una reducción “emotivista” de la fe. Personalmente, lo entiendo. Sin embargo, quizá lo que no se ha entendido tan bien es la forma o el modo en que se ha presentado esta reflexión.

Porque, aunque las carmelitas emocionan con su órgano y sus cánticos, lo cierto es que ayer no vi jóvenes en la oración cuaresmal. No sé si en otros conventos habrán acudido más, pero en el que yo estuve no había ni uno solo. La mayoría de los asistentes eran adultos, bastante mayores.

Y esto no debería extrañarnos demasiado.

Muchos jóvenes que hoy buscan a Cristo se sienten movidos, motivados y cautivados por experiencias como las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ). De hecho, buena parte de esas «diversas iniciativas de primer anuncio» a las que se refiere la nota doctrinal han surgido precisamente al calor del impacto espiritual de las JMJ.

Como escribe el periodista José Antonio Méndez en El Debate, en un artículo titulado "La nueva evangelización, bajo sospecha": "Hablar de los riesgos del emotivismo es hoy muy necesario. Sin embargo, alertar de que en la Iglesia este lenguaje emotivo pueda estar generando «abusos espirituales», prácticas sectarias y maltrato al Santísimo, sin decir quién, cómo y dónde acontece, es harina de otro costal".

En una línea similar se pronuncia Pablo J. Ginés en Religión en Libertad cuando señala que en torno a esta cuestión de las emociones, el Espíritu Santo y la evangelización “no se entiende bien qué piden los obispos”.

La cuestión, en el fondo, es sencilla. Las carmelitas emocionan. Sus cantos emocionan. Y esa emoción puede acercar al Señor. Pero si aun así no vemos jóvenes en estas realidades más tradicionales de la vida de la Iglesia, ¿qué hay entonces de malo en esas "diversas iniciativas de primer anuncio", en las experiencias de impacto que pueden llevar al Señor?

Mons. Conesa lo aclaraba también a Religión Confidencial: no hay nada malo en estas iniciativas. Lo problemático sería quedarse simplemente “impactado” por determinadas experiencias, pero no “convertido” ni decidido a vivir en profundidad como discípulo.

Es decir, que las carmelitas también pueden emocionar —y está muy bien que emocionen—, pero lo importante, en última instancia, es la conversión a Cristo.

En cualquier caso, si muchos jóvenes no acuden a las realidades de siempre de la Iglesia,  quizá convenga recordar que esos nuevos signos de un "renacer de la fe cristiana" en la sociedad, así como el surgimiento de "diversas iniciativas de primer anuncio", son realmente suscitadas por el Espíritu Santo y pueden facilitar el encuentro con Cristo.

Mientras tanto, a mí me sigue conmoviendo ver que las carmelitas continúan emocionando a una parte del pueblo de Dios. Aunque, de momento, esa parte tenga más canas que juventud.