Iglesia-Estado
El único monasterio de Vigo revive: así resisten sus siete monjas tras la ayuda de Patrimonio
“Era una pena cerrar este monasterio, vinimos aquí para revitalizarlo”, asegura Sor Virginia, superiora natural de Kenia
19/02/2026 | M. S.
La Xunta impulsa un proyecto para rehabilitar el único monasterio activo de Vigo, hogar de siete religiosas que mantienen una rutina entre oración, trabajo y hospitalidad. Con casi un siglo de historia, el edificio —obra de Antonio Palacios— se prepara para una nueva etapa vital.
- El monasterio en Teis abre una nueva etapa
- Una comunidad de siete religiosas
- Un monja keniata en Galicia
- La oración y el huerto
- Vida contemplativa y acogida
- Patrimonio en rehabilitación
- Historia, fe y futuro
Las siete religiosas del monasterio de las Salesas en Vigo.
Foto: Diócesis de Tui-Vigo.
El monasterio en Teis abre una nueva etapa
El Monasterio de la Visitación de las Salesas Reales, ubicado en el barrio de La Calzada de Teis (Vigo), va a ser objeto de un plan de rehabilitación impulsado por la Dirección Xeral de Patrimonio Cultural de Galicia.
La actuación busca atender las necesidades estructurales de un edificio centenario y mantener en condiciones dignas el lugar donde, actualmente, vive una comunidad de siete religiosas que sostienen allí su vida de clausura y oración.
El monasterio —obra del arquitecto gallego Antonio Palacios, con un proyecto original de 1942 en estilo regionalista y detalles que remiten a lo medieval— es una pieza singular del patrimonio urbano y religioso de Vigo. A pesar de que la construcción prevista nunca se completó, la única parte erigida ha servido como hogar y centro de vida espiritual durante décadas.
Una comunidad de siete religiosas
Hoy, esta comunidad está formada por siete religiosas, de las cuales dos son españolas y cinco de origen africano, de Kenia, Ruada y Burundi. Sor Virginia, natural de Kenia y superiora del monasterio, encabeza la comunidad. Llegó a España hace más de 27 años, pasando primero por otros conventos y desde hace tres años desempeñando su misión en Vigo.
“Era una pena cerrar este monasterio, vinimos aquí para revitalizarlo”, explica Sor Virginia desde la reja que separa la zona de clausura del exterior. Su declaración pone de manifiesto la voluntad de esta comunidad de mantener la vida contemplativa en el monasterio y de hacerla visible, aunque sea desde la discreción propia de su vocación.
Un monja keniata en Galicia
Sor Virginia no imaginaba de niña que acabaría en un monasterio en Galicia. Natural de Kenia, su vocación nació en su juventud tras conocer la espiritualidad de la Orden de la Visitación. “Sentí que Dios me llamaba a una vida más entregada”, explica al diario Atlántico. Tras un proceso largo de discernimiento, decidió ingresar en la congregación y comenzó un camino que la llevaría años después a España.
“Mi familia no lo entendió al principio, pero después lo respetaron”, relata. Para ella, la clausura no es aislamiento, sino “una forma distinta de estar en el mundo, rezando por todos”. Tras pasar por otros conventos en España, hace tres años fue destinada a Vigo con una misión clara: evitar el cierre del único monasterio de la ciudad.
“Cuando nos dijeron que podía desaparecer, sentimos que teníamos que venir. No podíamos dejar que se perdiera esta presencia en Vigo”, afirma. Desde entonces, junto a sus seis hermanas, trabaja para dar nueva vida espiritual y también práctica al edificio.
El monasterio de la Visitación
de las hermanas salesas de Vigo.
La oración y el huerto
La rutina diaria de las siete religiosas comienza al alba, con la oración de primera hora a las seis de la mañana, seguida de tiempos de trabajo y otras prácticas contemplativas. El huerto —uno de los proyectos de autosostenibilidad del monasterio— aún está en desarrollo, aunque el invernadero ya está prácticamente listo. Las hermanas esperan poder cultivar productos ecológicos que, además de ayudar a su subsistencia, puedan ser compartidos con la comunidad local.
Vida contemplativa y acogida
La comunidad no solo se dedica a la oración, sino que mantiene actividades y trabajos prácticos que son habituales en monasterios de clausura, como la atención espiritual, la gestión del huerto y diversas labores internas. A pesar de vivir en clausura, las religiosas no renuncian a estar en contacto humano: esperan la posible incorporación de una joven novicia española interesada en compartir el estilo de vida monástico, aunque el proceso de formación —como recuerda la superiora— es largo y requiere discernimiento.
La Diócesis de Tui-Vigo ha seguido con atención la evolución de este centro de vida consagrada. En años recientes, esta diócesis ha impulsado iniciativas para reforzar la vida monástica en la zona, facilitando el traslado y acogida de religiosas desde otros lugares para rejuvenecer comunidades antiguas. En 2023, por ejemplo, el monasterio recibió la llegada de cuatro religiosas desde Lugo, animando un proyecto de revitalización a largo plazo.
Patrimonio en rehabilitación
Ante las necesidades del edificio, Patrimonio de Galicia abrió la puerta a un estudio detallado para determinar las prioridades de intervención. El director de este organismo, Ángel Miramontes, explicó que “las religiosas nos dijeron cuáles eran sus prioridades y ahora actuaremos” y que, a partir del informe técnico, se definirá el alcance de la rehabilitación.
Los trabajos iniciales se centrarán, como mínimo, en el mantenimiento de la fachada, la reparación de ventanas y la carpintería, así como la atención a problemas graves como las filtraciones por un tejado deteriorado. Aunque la inversión concreta aún no está decidida, las autoridades han señalado la importancia de conservar un edificio histórico con casi cien años de presencia en la ciudad.
El monasterio no solo tiene valor religioso, sino arquitectónico: su estilo y construcción con piedra granítica han sido objeto de interés incluso por parte de movimientos de patrimonio cultural que abogan por su difusión y conservación como un ejemplo de la obra de Palacios fuera de las grandes metrópolis.
Historia, fe y futuro
Desde su fundación en 1927, el Monasterio de las Salesas Reales ha sido un foco de vida consagrada en Vigo. Sus paredes han visto generaciones de religiosas comprometidas con la oración y el servicio espiritual. A medida que se acerca su centenario, la comunidad y la administración pública trabajan de la mano para asegurar que esta tradición se mantenga viva, en un edificio que combina historia, fe y presencia activa en la ciudad.
En palabras de la propia superiora, este proyecto de rehabilitación no solo busca recuperar muros y tejados, sino “mantener la vida de quienes hemos elegido este camino, para que pueda inspirar a otros y servir como lugar de paz y recogimiento”.
Superiora de la comunidad del monasterio de la Visitación
de las hermanas salesas de Vigo, madre María Virginia.