Tribunas

¿Habrá engañado Bolaños a las víctimas de la pederastia?

 

 

José Francisco Serrano Oceja


Félix Bolaños.

 

 

 

 

No es la primera vez, ni será la última, que un ministro del Gobierno de Pedro Sánchez haga pública una propuesta que después se quede en eso, en una propuesta. Es cierto que la causa de esta política de solo relato lo es por razones múltiples, entre otras la aritmética parlamentaria. Pero lo que es evidente es que a esta legislatura se la conocerá, entre otras cosas, como la de las promesas incumplidas.

Recordemos, sin entrar en más detalle, en las miles y miles de viviendas, en la censura a las redes sociales, acabar con los aforamientos en 100 días, limitación de los Decretos Leyes…

El pasado 8 de enero, sin entrar en más análisis de contexto, asistimos a la firma de un texto, ahora sabemos que declaración de intenciones, entre el Gobierno, la Conferencia Episcopal Española y la CONFER, redundancia táctica, por cierto.

Ese texto, que se llamó acuerdo y ahora sabemos que se debiera haber llamado acuerdo sobre lo que vamos a convenir, sirvió para que el triministro Bolaños aprovechara la coyuntura para lanzar una serie de especies insanas a la opinión pública.

Vamos, entre otras, venía a decir que la Iglesia no había hecho nada con las víctimas de la pederastia y que si no es por el Gobierno, que le torcía el brazo a la Iglesia, esta cuestión estaba pendiente.

En esa mañana monseñor Argüello no pareció en su mejor día. Y no solo debido a la conjuntivitis que sufría. Recuerdo que el Presidente de la CONFER hizo incluso algunas afirmaciones que esperaba escuchar del Presidente de la Conferencia Episcopal.

La lectura atenta del que se denominó en titulares periodísticos Acuerdo “para atender la reparación de víctimas de abusos sexuales a través del Defensor del Pueblo”, y que afectaba a las víctimas cuyo victimario ha fallecido o el caso ha prescrito en los tribunales civiles que no habían querido utilizar la ya existente vía del PRIVA, resulta que constantemente remitía a un convenio.

Como las víctimas siempre son lo primero, ahora sabemos que ese convenio no existe. Con lo que el titular hubiera tenido que ser que las partes acuerdan negociar un convenio. Y que ya veremos qué dice el convenio, porque al estar firmado por una administración pública deberá ser público.

No niego que ese convenio pueda existir en un futuro y que existirá según lo acordado en el acuerdo que necesita un convenio posterior. Pero, de momento, por mucho que se diga que ya hay víctimas que se han acogido a ese acuerdo que dice que se negociará y firmará un convenio, a dónde han recurrido es a una ventanilla de buenas intenciones.

Y lo sabemos porque Mercedes Murillo Muñoz, Directora General de Libertad Religiosa, ha escrito que “el acuerdo alcanzado el 8 de enero de 2026 se limitó a expresar la voluntad de las partes firmantes de negociar y formalizar, a través de un futuro convenio, las bases del referido acuerdo”.

Imaginemos, por un momento, que la semana que viene Pedro Sánchez tuviera que convocar elecciones generales y, por lo tanto, todo paralizado. O que como resultado de esas elecciones el Ministro de Justicia de un nuevo Gobierno fuera, no sé, el magistrado Javier Borrego.

Si la cuestión en sí ya es peliaguda, no lo es menos cuando analizamos el papel del Defensor del Pueblo en el acuerdo sobre el convenio. Es decir, el Ministro firma un acuerdo sobre un convenio en el que está implicado el Defensor del Pueblo, por no decir “usurpando” funciones del defensor del Pueblo, con qué poderes, bajo qué mandato, qué mezcla de instituciones del Estado. Pero el Defensor del Pueblo no tiene su autonomía, sus funciones… Como para una tesis doctoral de algún administrativista en ciernes.

Imaginemos que, en medio de las negociaciones del convenio que exigía el acuerdo, cambia el Defensor del Pueblo y es nombrado, no sé, Josep Miró y Ardèvol.

Para qué seguir. No dudo que ustedes me han entendido.

 

 

José Francisco Serrano Oceja