19/02/2026 | por Grupo Areópago
La cantante mejicana Meghan Trainor ha mostrado recientemente en redes sociales una serie de fotografías de una bebé como si la hubiera parido, si bien fue un nacimiento a través de maternidad subrogada. La fotografía se justifica como una práctica de kangaroo care, o lo que es lo mismo, una práctica de contacto piel con piel para crear vínculo afectivo, si bien el aspecto demacrado de la madre en una cama de hospital sugieren ser fotografías posparto.
La imagen dice más que mil palabras y pretende sensibilizar a cualquier sociedad de que se puede ser madre por capricho, pagando un precio por un hijo/a al que se le priva de por vida crecer y vivir con la madre que le gestó, su auténtica madre.
Las imágenes de la supuesta madre con un bebé recostado en su pecho no dejan de ser una pantomima que busca tocar la fibra sensible de los ciudadanos de cualquier parte del mundo, dado que vivimos en un mundo hiperconectado.
¿Qué supuesta madre puede dormir tranquila sabiendo que su hijo/a ha sido arrancado de los brazos de su madre biológica? Nadie puede apropiarse del hijo de nadie, el ser humano no puede comprarse y a la madre biológica se le cosifica cuando se convierte en una mera incubadora de un ser humano concebido para colmar los deseos de quien desea un hijo a toda costa.
El título de madre no lo otorga ninguna fotografía. Será que en el mundo no existen niños con necesidad de ser adoptados o acogidos por familias que los quieran, dispuestas a entregar la vida por ellos como si fuesen hijos naturales. Claro que hay que ser muy generosos para acoger o adoptar a un niño que necesita una familia por carecer de la suya propia, con sus circunstancias concretas…. Y este mundo cada vez entiende menos de generosidad.
Generosidad y egoísmo son términos claramente antagónicos. La compra de un bebé jamás puede encuadrarse en el término generosidad, quién entrega precio por alguien demuestra que carece de capacidad de acoger a un niño que necesita por sus circunstancias personales de abandono ser acogido y querido por una familia. Hemos llegado a optar por la compra de un bebé como si de un abrigo de piel o un bolso se tratara en lugar de acoger a aquellos niños ya nacidos que carecen de familia.
Así de dura es la realidad que nos rodea. No caigamos en el sentimentalismo para justificar lo injustificable por mucha fotografía que intente mostrar lo que no es.
GRUPO AREÓPAGO