¿Es posible hoy otro modelo de desarrollo?
16/02/2026 | por Grupo Areópago
Se va a cumplir el próximo año el 60 aniversario de la publicación de la Encíclica sobre “el desarrollo de los pueblos” (Populorum Progressio) del papa Pablo VI. Un documento que en su momento tuvo una gran acogida a nivel mundial, pero con reacciones muy contradictorias dependiendo del ámbito geopolítico o ideológico desde el que se contempló. Las condiciones socioeconómicas y políticas de los países subdesarrollados y pobres en aquel contexto histórico en relación con los desarrollados creaban situaciones ofensivas para la dignidad de la persona. Sirva de ejemplo, que mientras en Dinamarca la esperanza de vida al nacer estaba en 72 años, el 44% de la población en el Congo Leopoldville no superaba los 15 años.
Sin duda, los tiempos en estos 60 años han cambiado mucho, y aunque son visibles ciertos avances en igualación social y económica entre estos dos extremos, los datos nos muestran una realidad muy mejorable si tenemos en cuenta los grandes avances que hoy en día nos ofrece el mundo tecnológico. La distribución de la riqueza es extremadamente desigual. Una pequeña minoría controla la mayor parte de la riqueza mundial mientras que las sociedades más pobres -según informes de la ONU- solo tienen acceso al 1,2 por ciento de dicha riqueza. Sin olvidar como la guerra, la ley del más fuerte, o la grave crisis medioambiental que marcan las pautas del contexto histórico actual son causas principales de exclusión social. Extrapolando esta situación a nuestro país, el reciente informe FOESSA 2025 nos revela que 9,4 millones de personas viven en España en exclusión social, con un empleo precario, una vivienda inaccesible para una inmensa mayoría de personas especialmente jóvenes, con grandes problemas de sostenibilidad en los pilares de la llamada sociedad del bienestar (sanidad, educación, dependencia, pobreza energética, brechas generacionales y territoriales…); y con una grave crisis institucional que produce inseguridad y desconfianza.
El modelo de desarrollo que proponía Populorum Progressio tenía como principal tarea apostar por la dignidad del hombre; por poner al hombre en el centro de nuestras vidas, y en el crecimiento de todas sus dimensiones, no solo en el económico. “Para ser auténtico -nos decía el Papa-, el desarrollo ha de ser integral, es decir, debe promover a todos los hombres y a todo el hombre”.
El modelo de desarrollo que se ha instalado en el mundo en estas últimas décadas tiene como eje referencial el pensamiento liberal-capitalista global que apuesta fundamentalmente por el crecimiento económico sin mecanismos adecuados para una redistribución de la riqueza. Su única ley válida es la ley del mercado elevando al altar de nuestra escala de valores la prioridad por el consumo. La promesa de que este modelo traería un desarrollo para todos los pueblos redundando en beneficio de la humanidad, hoy ya no se sostiene. Estamos viendo como la brecha de la desigualdad y la exclusión se agranda tanto a nivel global como en el interior de los países, al mismo tiempo que se agudiza una crisis medioambiental de efectos irreparables para nuestro planeta.
Ya son muchas las voces que claman por la necesidad de transformar este modelo de desarrollo. El Papa Benedicto XVI señalaba hace años que “las grandes novedades que presenta hoy el cuadro del desarrollo de los pueblos plantean en muchos casos la exigencia de nuevas soluciones. (CiV 32)
El informe FOESSA en su introducción nos dice que “ofrece herramientas analíticas para una transformación urgente y profunda”. Es un documento de obligada reflexión para todos los agentes sociales de nuestro país. Los documentos sociales de los últimos Papas ofrecen pautas para este cambio de modelo que nuestras sociedades deberían considerar como referenciales.
GRUPO AREÓPAGO