IV Domingo de Cuaresma

 

(26 de Marzo)

Cuarta semana del salterio

 

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las "armas de la penitencia cristiana": la oración, el ayuno y la limosna (Cf. Mt 6, 1-6. 16-18). En el ámbito de la piedad popular no se percibe fácilmente el sentido mistérico de la Cuaresma y no se han asimilado alguno de los grandes valores y temas, como la relación entre el "sacramento de los cuarenta días" y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del "éxodo", presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los fieles concentran su atención en la Pasión y Muerte del Señor.

El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

 


Carta del Obispo

UNA CUARESMA PARA CONVERTIRNOS AL AMOR DE DIOS Y DE LOS HERMANOS

(sotodelamarina.com 01.03.2017)
Mensaje para la Cuaresma 2017
+ Manuel Sánchez Monge
Obispo de Santander

 

Orar con el Evangelio
 
Delegación de Liturgia y Espiritualidad

 


El Evangelio del Domingo

IV Domingo de Cuaresma
(sotodelamarina.com 23.03.2017)
por Gervasio Portilla García,
Diácono permanente y periodista

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera lectura: 1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a (David es ungido rey de Israel)
Salmo Responsorial:
Sal 22
(El Señor es mi pastor, nada me falta)
Segunda lectura: Ef 5, 8-14 (Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará)
Evangelio: Jn 9, 1-41
(Él fue, se lavó, y volvió con vista)

 

    Cristo se hizo hombre para conducirnos a los peregrinos en tinieblas al esplendor de la fe (Cf. Prefacio). Es lo que se expone en el Evangelio: todos nacemos privados de la luz de la fe y la gracia de Dios por el pecado original. Lo mismo que el primer hombre fue creado del barro de la tierra, Cristo hizo barro con su saliva, lo untó en los ojos del ciego y le mandó lavárselos con agua, y el ciego vio. En el bautismo Cristo nos vuelve a crear. Y, como el ciego, en la Cuaresma tenemos que seguir renunciando a cuanto nos impide decirle a Cristo con toda verdad: «Creo en ti, Señor».

 

 


Calendario Litúrgico Pastoral 2016-2017