29.07.10

Lástima me dan el cardenal Urosa y el pueblo creyente venezolano

A las 12:35 AM, por Eleuterio
Categorías : General, Defender la fe
 

Hoy iba a escribir, de hecho ya había empezado el artículo, sobre la actitud que los laicos venezolanos están teniendo en relación a lo que está pasando en su patria. De hecho el título era “En Venezuela hay laicos valientes”

La cosa tomaba el siguiente cariz:

Antes que nada tengo que decir que no podemos tener lo que está sucediendo en la nación venezolana, hermana de sangre y religión, como si no fuera cosa nuestra porque cualquier afrenta a un hermano en la fe es una afrente dirigida, directamente, a cada uno de nosotros.

Cuando en una nación como Venezuela, los pastores no miran para otro lado ante la situación por la que pasa aquella nación americana es de esperar que el poder establecido clame, no al cielo sino al infierno, y se rasgue sus vestiduras.


Entonces, y por otras más cosas, pasa lo que pasa, a lo mejor la intención de muchos católicos es hacer como si todo fuera bien o, en todo caso, dar la callada por respuesta.


Pero en Venezuela hay laicos, al igual que ordenados, valientes que no se van a dejar arredrar por el poder totalitario que ejerce Chávez.

Hasta aquí lo que había escrito.

Sin embargo, buscando más información acerca del tema de hoy encontré, en un medio de comunicación venezolano, las declaraciones del Cardenal Jorge Urosa Savino al salir de la Asamblea Nacional de Venezuela. Entonces no he tenido más remedio que escribir sobre la situación de tal persona.

Cuando a un cardenal de la Iglesia católica se le asaetea con preguntas de cariz claramente político y se le pretende coger en algún renuncio, mucho nos recuerda esto lo que a Jesús le hacían muchos de sus contemporáneos.

El ambiente ha sido muy sereno y respetuoso” ha dicho, en las declaraciones, el cardenal Urosa. Y eso está bien.

Sin embargo, en determinados casos, conviene sostenella y no enmendalla:

Sostengo que los obispos venezolanos, en cumplimiento de nuestra misión, tenemos el derecho y el deber de hablar, de iluminar los aspectos que tienen que ver con la vida pública de Venezuela siempre en la búsqueda del bien común, siempre buscando que todos los encontremos como hermanos, nunca los obispos buscando el poder como aliados de ninguna parcialidad política”.

Sin embargo, como el Mal siempre busca hacer daño, le siguen tentando acerca de la presencia de fieles católicos que habían acudido a las puertas de la Asamblea Nacional porque, al parecer, representan a la “oposición”.

La respuesta es clara: “Hay muchos fieles católicos que han querido venir a acompañar, pero no es que sean representantes de la oposición; han venido acá porque son católicos y porque yo soy el arzobispo, el pastor de la Iglesia acá en Caracas”.

Sin embargo, algo malo, muy malo, es lo siguiente:

El encuentro ha terminado en el reconocimiento de las instituciones, en el establecimiento de un diálogo muy abierto, muy franco, en algunos momentos duro pero que todos reconocemos, tantos los diputados presentes como yo que es necesario; que es necesario que nosotros tengamos diálogo y que busquemos siempre el encuentro entre los diversos sectores del pueblo venezolano

La Iglesia católica no necesita, para nada, que un poder abusador la reconozca porque es obra de Dios. Sin embargo, la Iglesia católica, para nada, tiene que reconocer a quien la zahiere, insulta y menosprecia. Allá cada cual con lo que haga.

Sin embargo, esto muestra la verdadera situación por la que pasa, también en lo religioso, Venezuela, pues hay muy poca luz y taquígrafos y transparencia ninguna.

De nada van a servir los paños calientes con quien detenta un poder que quiere absoluto y totalitario. Eso ya pasó, por ejemplo, en Rusia y en todos los satélites comunistas.

Y es que esto no es más que una simple repetición de lo mismo.

Virgen de Coromoto

Por eso no tengo más remedio que decir que le tengo lástima tanto al cardenal Urosa como al pueblo creyente católico venezolano y también creo que sólo la oración, ahora mismo, obtendrá fruto abundante.

Y es ahora, ahora mismo, cuando la tribulación se cierne sobre Venezuela cuando debemos dirigirnos a María, Virgen de Coromoto, patrona de Venezuela:

“¡Oh Virgen de Coromoto! En tus manos deposito esta súplica (tal intención, tal necesidad). Bendícela. Preséntala al Corazón de Jesús. Haz valer tu amor de Madre y tu poder de Reina. ¡Oh María! Yo cuento con tu ayuda. Yo confío en tu poder. Yo me entrego a tu voluntad. Yo estoy seguro de tu misericordia. ¡Madre de Dios y Madre mía! Ruega por mí. Llévame al Corazón de Jesús.

Y sólo cabe decir: Amén.

Eleuterio Fernández Guzmán