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El mundo visto desde Roma

Servicio diario - 06 de septiembre de 2008



MUNDO
Pese a la liberación de Betancourt, el pueblo sigue esperando la paz

DOCUMENTACIÓN
Los desafíos de la Iglesia en Nicaragua, según Benedicto XVI
Mensaje del obispo de Guantánamo ante la fiesta de la Virgen de la Caridad
Aborto en México: Más allá de la Suprema Corte


 


Mundo


Pese a la liberación de Betancourt, el pueblo sigue esperando la paz

Declaraciones del obispo de El Espinal

 

MUNICH, sábado, 6 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Aunque la liberación de Ingrid Betancourt, recibida hace unos días por el Papa Benedicto XVI, sea motivo de alegría y esperanza, la violencia sigue marcando día a día la vida de los colombianos.

Así lo ha asegurado el obispo de El Espinal, monseñor Pablo Salas, ordenado obispo hace 8 meses, en una conversación con la oficina de Munich de la asociación internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada.
 
Debido al clima de violencia generada por los distintos agentes del conflicto social, los colombianos permanecen atemorizados por sus diversas y recurrentes acciones armadas, casi siempre e inevitablemente en contra de personas civiles.
 
La mayoría de los colombianos han sufrido directa o indirectamente en algún miembro de su familia las consecuencias de este conflicto. Particularmente la diócesis de El Espinal ubicada en el sur oriente del Departamento del Tolima y a tres horas de la capital Bogotá, ha venido sufriendo por largos años la presencia de diversos grupos armados, que han empobrecido los campos y han causado desplazamientos de su población.

En el pasado, algunas parroquias sufrieron serios daños en sus instalaciones y hace tres años uno de sus sacerdotes fue asesinado; ha informado este Obispo de 51 años de edad.
 
Según el prelado, "todos estos hechos dolorosos nos están indicando que es necesario y urgente encontrar los caminos apropiados para poner fin a la confrontación que actualmente se vive en el país".

Las causas que han generado este conflicto sustancialmente siguen siendo las mismas, es decir, "la carencia de oportunidad para todos, la creciente pobreza, especialmente en el sector campesino que es gran parte de la diócesis, la carencia de infraestructuras elementales para una vida digna como por ejemplo, la vivienda, la educación, salud y trabajo".

"Particularmente el sur del Tolima ha sido tradicionalmente la parte del departamento más olvidada por parte del gobierno departamental y central. En la actualidad no existe una buena infraestructura de vías que haga posible que los campesinos puedan comercializar sus productos y los habitantes de estos municipios se puedan mover con mayor facilidad y seguridad".

"La situación que vive la diócesis, puede ser típica de muchos otros sectores del país".
 
Según el obispo, "la Iglesia debe ser instrumento de paz y voz profética de justicia y verdad, sobre todo, para los pobres y los que sufren calamidades. La paz en Colombia no debe ser la paz de los cementerios, sino una paz viva a la que han de contribuir todas las partes".

Para el prelado, "es una lástima que, pese a ser respetado, el mensaje de la Iglesia reciba poca atención por los implicados en las soluciones. No obstante, la Iglesia sigue abierta para seguir contribuyendo a cualquier tipo de mediación que con justicia social haga posible la anhelada paz para Colombia".


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Documentación


Los desafíos de la Iglesia en Nicaragua, según Benedicto XVI

Discurso a los obispos del país

 

CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 6 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que entregó Benedicto XVI este sábado a los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua al reunirse con ellos con motivo de su visita "ad limina apostolorum".



 

* * *

Queridos Hermanos en el Episcopado:

Recibiros a todos juntos, Pastores de la Iglesia en Nicaragua, durante vuestra visita ad limina Apostolorum, me produce una gran alegría y me ofrece la oportunidad de expresar mi cercanía a vuestros desvelos apostólicos y a los anhelos e inquietudes del pueblo nicaragüense, que en estos días me habéis hecho vivamente presente. Agradezco las amables palabras que, en nombre de todos, me ha dirigido Monseñor Leopoldo José Brenes Solórzano, Arzobispo de Managua y Presidente de la Conferencia Episcopal, manifestando vuestro deseo de estrechar cada vez más los lazos de unidad, de amor y de paz con el Sucesor de Pedro (cf. Lumen gentium, 22), así como la comunión entre vosotros en la «misión apostólica como testigos de Cristo ante los hombres» (Christus Dominus, 11).

Conozco vuestros esfuerzos por llevar el mensaje del Evangelio a todos los ámbitos de Nicaragua, con la abnegada colaboración de vuestros sacerdotes y de los Institutos religiosos presentes en Nicaragua. Una valiosa ayuda recibís también con frecuencia de los Catequistas y Delegados de la Palabra, que son un cauce a través del cual el don de la fe crece en los niños e ilumina las diversas etapas de la vida en lugares recónditos donde es prácticamente imposible la presencia estable de un sacerdote que guíe la comunidad. Mucho debe la Iglesia a estas personas que presentan la Buena Noticia y la doctrina cristiana con espíritu fraterno, cara a cara, día a día y de viva voz, como es propio de un mensaje que se lleva muy dentro y está destinado a transformarse en vida nueva en quienes lo reciben. Por eso es imprescindible que estos generosos servidores y colaboradores en la misión evangelizadora de la Iglesia reciban el aliento de sus Pastores, tengan una formación religiosa profunda y continuada, y mantengan una intachable fidelidad a la doctrina de la Iglesia. Ellos han de ser de manera muy particular «discípulos» aventajados que aprenden de los «maestros auténticos» que enseñan con la autoridad de Cristo (cf. Lumen gentium, 25), y que infunden en sus oyentes la añoranza del Maestro y de sus ministros, que lo hacen realmente presente mediante los sacramentos y muy especialmente la Eucaristía, para constituir de este modo una verdadera y plena comunidad cristiana reunida en torno al Señor y presidida por uno de sus sacerdotes (cf. Sacramentum caritatis, 75).

La necesidad de clero bien preparado espiritual, intelectual y humanamente, os ha llevado a revisar recientemente el planteamiento de los seminarios en el País, esperando poder ofrecer así una mejor formación a los seminaristas de vuestras diócesis, siempre tan necesaria, y que requiere una cercanía y una atención esmerada por parte de cada Obispo, sin ceder en el cuidadoso discernimiento de los candidatos, ni en las rigurosas exigencias necesarias para llegar a ser sacerdotes ejemplares y rebosantes de amor a Cristo y a la Iglesia. De este modo se podrán abrigar nuevas esperanzas de poder atender pastoralmente y de forma adecuada sectores tan importantes como la catequesis sistemática, incisiva y organizada de niños y jóvenes, para los cuales habéis preparado un catecismo específico para la Confirmación y promovido la «infancia misionera». Es de esperar que mejore también la debida asistencia religiosa en los hospitales, centros penitenciarios y otras instituciones.

A este respecto, nunca se ha de olvidar que la semilla del Evangelio ha de plantarse cada vez, en cada época, en cada generación, para que germine vigorosa y su flor no se marchite. También la religiosidad popular, tan arraigada en vuestras gentes y que es una gran riqueza para vuestro pueblo, ha de ser algo más que una simple tradición recibida pasivamente, revitalizándola continuamente mediante una acción pastoral que haga brillar la hondura de los gestos y los signos, indicando el misterio insondable de salvación y esperanza al que apuntan, y del que Dios nos ha hecho partícipes, iluminando la mente, colmando el corazón y comprometiendo la vida.

Uno de los grandes retos a los que os enfrentáis es precisamente la sólida formación religiosa de vuestros fieles, haciendo que el Evangelio quede profundamente grabado en su mente, su vida y su trabajo, de manera que sean fermento del Reino de Dios con su testimonio en los diversos ámbitos de la sociedad y contribuyan a que los asuntos temporales se ordenen según la justicia y se adecuen a la vocación total del hombre sobre la tierra (cf. Apostolicam actuositatem, 7).

Esto es particularmente importante en una situación en que a la pobreza y la emigración se suman acusadas desigualdades sociales y una radicalización política, especialmente en los últimos años. Observo con satisfacción que, como Pastores, compartís las vicisitudes de vuestro pueblo y, respetando escrupulosamente la autonomía de la gestión pública, os esforzáis en crear un clima de diálogo y distensión, sin renunciar a defender los derechos fundamentales del hombre y denunciar las situaciones de injusticia y a fomentar una concepción de la política que, más que ambición por el poder y el control, sea un servicio generoso y humilde al bien común. Os aliento en este camino, exhortándoos al mismo tiempo a promover y acompañar tantas iniciativas de caridad y solidaridad con los más necesitados como hay en vuestras Iglesias, para que no falte ayuda a las familias en dificultad ni ese espíritu generoso de tantos laicos que, en ocasiones de forma anónima, se esfuerzan por conseguir el pan cotidiano para sus hermanos más pobres.

En este, como en otros muchos campos, no se ha de olvidar el dinamismo, la entrega y creatividad de los religiosos y religiosas, un tesoro para la vida eclesial en Nicaragua. Ellos son testigos de que «cuanto más se vive de Cristo, tanto mejor se le puede servir en los demás, llegando hasta las avanzadillas de la misión y aceptando los mayores riesgos» (Vita consecrata, 76). Que no les falte el reconocimiento de los Pastores ni el aliento para permanecer fieles a su propio carisma y misión específica en la Iglesia.

Una mención especial merecen las instituciones educativas, en particular las escuelas católicas a las que acude la mayor parte del alumnado nicaragüense, cumpliendo así, en medio de grandes dificultades y falta de la debida ayuda, una misión esencial de la Iglesia y un inestimable servicio a la sociedad. Es encomiable el servicio de los educadores que, a veces con grandes sacrificios, se dedican a una formación integral que abra las puertas de un futuro prometedor a los jóvenes. Un país que busca el desarrollo y una Iglesia que quiere ser más dinámica, deben concentrar sus esfuerzos en ellos, sin ocultarles la grandeza que tiene para el ser humano la dimensión trascendente y religiosa. Os exhorto, pues, a que animéis a los educadores y os esforcéis en preservar los derechos que tienen los padres de formar a sus hijos según sus propias convicciones y creencias.

Al final de este encuentro, deseo reiterar mi agradecimiento y aprecio por vuestra solícita labor de Pastores, alentando el espíritu misionero en vuestras Iglesias particulares. Os ruego que hagáis llegar mi saludo al Señor Cardenal Miguel Obando Bravo, a los obispos eméritos, a los sacerdotes y seminaristas, a las numerosas comunidades religiosas y, de modo especial, a las Hermanas contemplativas de vuestro País, a los Catequistas y a cuantos os ayudan a difundir continuamente el Evangelio en Nicaragua. A la vez que encomiendo vuestra tarea a la Virgen María, Nuestra Señora de la Purísima Concepción, os imparto de corazón la Bendición Apostólica.

[© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]


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Mensaje del obispo de Guantánamo ante la fiesta de la Virgen de la Caridad

LA HABANA, sábado, 6 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje de Monseñor Wilfredo Pino Estévez, obispo de Guantánamo-Baracoa, con motivo del 8 de septiembre, fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre. Trasmitió el mensaje por la radio provincial el 5 de septiembre.


 

* * *

(Canto: Y si vas al Cobre quiero que me traigas una Virgencita de la Caridad...) 

Queridos hijos e hijas de esta amada provincia:

Con esta canción tan nuestra he querido comenzar estas palabras con motivo de la fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre, el próximo lunes 8 de septiembre. El Cobre es ese pequeño pueblo situado a pocos kilómetros de Santiago de Cuba que se ha convertido, desde 1612, en un punto de referencia en Cuba, por estar allí el Santuario que custodia la bendita imagen de la Virgen de la Caridad, la Patrona de Cuba.  

Desde entonces, El Cobre ha venido a ser, para la gran mayoría de los cubanos, una meta a alcanzar. No importan las dificultades del transporte, los problemas de salud, las distancias o las limitaciones económicas... La presencia de los cubanos en El Cobre ha sido como una gota de agua permanente, como una pequeña pero constante llama de amor, de inalterable devoción de los hijos a nuestra Madre del cielo. La Virgen de la Caridad ha sido un regalo de Dios para Cuba. ¡Cuántos cubanos sueñan con poder ir un día al Cobre para conocer y saludar a la Virgen! 

Mucha razón tuvo quien afirmó que "ir al Cobre y visitar a la Virgen de la Caridad ha sido y es para los cubanos una dicha, una experiencia única y una gracia que no se olvida nunca... Es ir a un lugar donde se olvidan las diferencias y rencillas y nadie se hace el valiente, donde se palpa una presencia viva y se espera siempre algo nuevo, algo sorprendente, incluso el milagro". No se podrían calcular cuántos millones de cubanos, a lo largo de estos cuatro siglos, han hecho el camino del Cobre para saludar a la Virgen, para suplicarle su intercesión, para agradecerle las bendiciones recibidas de Dios a través de sus manos o para cumplir una promesa... El del Cobre ya es un camino que cumplirá próximamente 400 años. Por ello, el músico cubano Jesús Llanes compuso un "Canto a la Caridad" en el que se repite esta frase: "Por el camino viejo del Cobre marcha un buen hombre buscando a La Caridad". Les propongo escuchar algunas estrofas. La música es muy cubana y sé que les gustará. 

CANTO A LA CARIDAD 

Por el camino viejo del Cobre marcha un buen hombre buscando a La Caridad (bis)

-¡Qué bueno es peregrinar por un camino divino que nos conduce a un destino lleno de amor y de paz!

Convoca la Virgen buena a todo el pueblo cubano, que marcha, unido de manos, por el camino del Cobre.

Por el camino viejo del Cobre marcha un buen hombre buscando a La Caridad (bis)

-¡Virgen buena! Llegaré para darte muchas gracias. Todo lo que te pedí has puesto en mi corazón.

El odio no cabe en mí, ahora puedo perdonar. ¡Qué bueno es poder amar sin prejuicios ni rencores!

Por el camino viejo del Cobre marcha un buen hombre buscando a La Caridad (bis)

-Con este ramo de flores, Virgen de mi devoción, amarillos girasoles, Virgen de la Caridad,

En nombre de mi familia, en nombre de mi mamá, ¡muchas gracias, Virgencita de la Caridad del Cobre! 

Queridos hijos e hijas: ¿Fue casualidad, o más bien providencia de Dios. que la nave en la que arribó a Cuba el gran almirante Cristóbal Colón tuviese por nombre el de "Santa María"? ¡Cuántos pueblos de Cuba, cuántas iglesias, cuántas personas, llevan por nombre el de la Virgen o alguna de sus advocaciones: María, Fátima, Milagros, Mercedes, Guadalupe, Concepción, Pilar, Altagracia, Inmaculada, Carmen, Asunción, Lourdes, Rosario, y por supuesto, Caridad! ¡Cuantas personas tienen en sus casas, o llevan consigo, una medalla o una estampita de La Caridad! ¿Cómo olvidar que la primera villa fundada en Cuba tiene el hermoso y encantador nombre de "Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa"? ¿y que otra de las siete villas establecidas se llamase "Santa María del Puerto del Príncipe"?¡Cuántos cubanos de toda clase, raza, ideología, van a rezar diariamente al Santuario del Cobre! El canto afirmaba: "Convoca la Virgen bella a todo el pueblo cubano que marcha,  unido de manos,  por el camino del Cobre". Ella es signo de unidad para nuestro pueblo.  

A nosotros nos corresponde ser agradecidos con ella. Escuchábamos en el canto: "Llegaré para darte muchas gracias...con este ramo de flores... en nombre de mi familia... en nombre de mi mamá. ¡Muchas gracias, Virgencita!". Y junto con las gracias también debemos esforzarnos en imitar a la Virgen. Ella puso a Dios en el primer lugar de su vida. Ella no perdió su confianza en Dios en los momentos de dificultad. Ella fue la primera en cumplir las enseñanzas de Jesucristo. Ahora nuestra tarea es ésta: amar como ella, mucho y bien. "Mucho" quiere decir: cuantas más veces pueda amar, mejor. Y "bien" es la invitación a que nuestro amor sea "del bueno", no de esos falsos amores "para quedar bien", o "de cumplimiento" (cumplo y miento). 

El bello canto que nos ha servido de reflexión nos dice cómo debemos ser los hijos de la Virgen de la Caridad: "El odio no cabe en mí, ahora puedo perdonar. ¡Qué bueno es poder amar sin prejuicios ni rencores!". Que ojalá esa enseñanza sea vivida en cada hogar cubano, en cada centro de trabajo, en cada comunidad. Que sepamos olvidar las ofensas que se nos hayan hecho... que sepamos perdonar y pedir perdón para poder rezar sinceramente: "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Que la Virgen nos ayude a sanar las heridas que haya en nuestra memoria. Les confieso que el año pasado, mientras miraba asombrado la enorme cantidad de pueblo que participaba en la Procesión con la Virgen de la Caridad en Guantánamo, me convencía aún más de que será la devoción a la Virgen de la Caridad la que ayudará a nuestro pueblo a superar odios, prejuicios, discordias y venganzas. En esa Procesión todos íbamos con la mirada puesta en la Virgen, y todos rezábamos: "Ruega por nosotros, pecadores", y todos cantamos nuestro Himno Nacional. Es mucho lo que puede y debe hacer la Iglesia cubana en aras de la unidad de los de aquí con los de allá, y de los de aquí con los de aquí.  

¡Pidamos a la Virgen por tantas familias de Pinar del Río y la Isla de la Juventud que sufren las consecuencias del reciente huracán y a las que todos debemos dar nuestra ayuda fraterna! ¡Recemos también por la unidad de nuestras familias, para que los hijos estén donde estén sus padres, y las esposas estén donde estén sus esposos! ¡Que desaparezca el miedo de las familias cubanas a tener más hijos para que en Cuba haya muchos más partos que abortos! ¡Pidámosle a nuestra Virgencita su intercesión para que las cosas mejoren, y que los niños cubanos no sufran el divorcio de sus padres! ¡Que la economía familiar se recupere para que ningún cubano pase necesidad! ¡Que nuestros ancianos se sientan útiles y amados y sigan haciendo sus ejercicios en nuestros parques! ¡Recemos a la Virgen para que cada niño o joven cubano siga teniendo garantizada su escuela, y para que cada maestro sepa respetar las creencias religiosas de sus alumnos! ¡Que los jóvenes guantanameros respondan valientemente a la llamada que les hace Jesucristo para ser sacerdotes o religiosas! ¡Que nuestras comunidades sin templo, especialmente aquellas de las montañas, puedan hacer realidad su sueño de poder construir, más temprano que tarde, su pequeña iglesia! ¡Y que la Virgen de la Caridad nos ayude a descubrir esas "pequeñas cosas" que cada cubano podría hacer para hacerles la vida más fácil a los demás cubanos.  

Sólo me resta invitarlos a las celebraciones que habrá en cada comunidad este 8 de septiembre o en los días cercanos. Nuevamente tendremos este año en la provincia, Dios mediante, cuatro Procesiones en honor de la Virgen de la Caridad. La de la ciudad de Guantánamo será pasado mañana, domingo 7 de septiembre, a las 7 de la noche, saliendo de la Iglesia de la Milagrosa, en la calle Paseo, hasta la Iglesia Catedral, en el Parque Martí. Y las de Baracoa, Imías y San Antonio del Sur serán el próximo lunes 8 de septiembre, a las 7 de la noche. ¡Preséntenle a la Virgencita en las Procesiones de ese día a sus hijos y nietos y pídanle su protección para ellos!  

Aprovecho la ocasión para decirles que, si alguna familia no tiene todavía en su casa la Biblia del Niño, puede venir al Obispado, en la calle Paseo, hoy viernes 5 (de 2 a 5 de la tarde) y mañana sábado 6 (de 8 a l2 del día) y se la podremos regalar. 

Pido a la Virgen de la Caridad que consiga muchas bendiciones de Dios para cada uno de sus hijos cubanos, los que estamos aquí y los guantanameros que viven o trabajan en otros países. Que la Madre de Cuba proteja también a nuestros hermanos de otras religiones. Que la Virgen de la Caridad inspire a las autoridades del país para que todas las decisiones que tomen tengan la bendición de Dios y sean siempre para el bien de nuestro pueblo. Que Ella cuide de manera especial a los niños, ancianos, presos, enfermos, a los que viven solos, a los que se sienten tristes o abandonados, y a los que se alejaron de la Iglesia y quieren volver a ella pero no saben cómo hacerlo.

Y que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre cada uno de ustedes y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.  

(Canto: Y si vas al Cobre quiero que me traigas una Virgencita de la Caridad...)


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Aborto en México: Más allá de la Suprema Corte

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas

 

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, sábado, 6 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, tras la sentencia de la Suprema Corte de Justicia de México que reconoce la despenalización del aborto en el Distrito Federal en las doce primera semanas de gestación.



 

 

Más allá de la Suprema Corte

VER

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, por mayoría de 8 votos contra 3, declaró válida jurídicamente la ley del aborto aprobada en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, que permite destruir al recién concebido, mientras no llegue a las doce semanas de gestación. Los ministros no entraron al fondo del problema, con la disculpa de que la Constitución no establece literalmente cuándo empieza una vida humana. Se lavan las manos como Pilato y dejan que se mate impunemente a quienes son verdaderos seres humanos, sujetos del derecho a la vida. Validaron como legal un acto criminal. Las campanas de las iglesias del Distrito Federal tañeron a duelo, por tantos niños condenados a morir en el seno materno. Nos unimos a este dolor, pues estamos asistiendo a una cruel masacre de inocentes e indefensos, y puede cundir el mal ejemplo.

JUZGAR

Los autores y defensores de esa ley consideran el fallo de la Suprema Corte un triunfo de la razón, una victoria de la libertad, una reivindicación de los derechos de la mujer, un éxito del laicismo oficial. Nosotros pensamos que es todo lo contrario, pues se viola impunemente un derecho fundamental. La Constitución protege el derecho a la vida, aunque no diga explícitamente que ésta empieza desde la fecundación. Además, más allá de la Carta Magna y de Suprema Corte, hay otras leyes y otros principios.

Aunque los legisladores del DF y los ministros permitan este crimen, la ciencia y la razón humana, avaladas por declaraciones internacionales de derechos humanos suscritas por nuestra patria, lo condenan. Todos, desde el primer momento, tenemos los mismos derechos, el primero de los cuales es la vida. Es injusto y antidemocrático que haya mexicanos de primera y de última categoría. Además, la fe cristiana rechaza tajantemente matar a quien es una persona desde el inicio de su gestación.

El sábado anterior se llevó a cabo en el DF una marcha contra la inseguridad y la violencia. El más expuesto y el más inseguro es el recién concebido, pues no puede defenderse. Los abortistas son peores que los secuestradores y los violadores, ya que son auténticos asesinos, aunque la ley los encubra y defienda. Si algo les queda de conciencia, no podrán vivir y dormir en paz. Si la autoridad civil del DF los alienta en su criminalidad, la vida les va a cobrar su inconciencia.


ACTUAR

Es tiempo de definirse: creyentes en el Dios de la vida, o generadores de muerte. El quinto mandamiento es tajante: "No matarás". Y aunque ocho ministros interpretaron que la Constitución no invalida la ley abortista del Distrito Federal, la ley divina, que está por encima de estas legislaciones humanas, prohíbe abortar. La Iglesia, como una medida pedagógica para acentuar la gravedad del aborto, pena con excomunión a quienes deliberadamente lo inducen o lo practican. No cualquier sacerdote puede perdonar este pecado, sino el obispo y aquellos sacerdotes a quienes él faculte. Claro que para los no creyentes, o para quienes llevan una lista de abortos en su historia, esto no les importa; pero a quienes deciden ser fieles seguidores de Jesucristo, esto les ayuda a evitar ese crimen.

El hecho de condenar el aborto provocado, no es un menosprecio a las mujeres que abortan, sino una defensa del fruto de su maternidad. Jesucristo nos enseña a valorar la dignidad de la mujer, a defenderla de sus acusadores, aunque sea culpable, y ofrecerle apoyo para que salga adelante. Pero también advierte no volver a pecar. A quienes sufren el dolor de sentirse culpables y se arrepienten, Dios les ofrece su perdón y oportunidades de dar vida, atención y esperanza a muchos seres abandonados, pobres, enfermos, ancianos, presos y huérfanos. De esta forma, generan vida nueva, en compensación por la que destruyeron.

Se avecinan las elecciones para diputados de la próxima legislatura. ¿Qué candidatos son confiables, entre otras cosas, porque defienden la vida humana desde su inicio hasta su término natural? No confiemos los destinos legislativos a quienes tienen actitudes cobardes contra la vida. ¡Que la demagogia no nos cierre los ojos!

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas


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