05.07.08
Obligada ética laicista y pública
Poco a poco se van despejando las dudas (si es que, aún, quedaba alguna) sobre las pretensiones que el XXXVII Congreso Federal que el PSOE celebra en Madrid hasta mañana domingo, 6 de julio, tiene.Ya escribimos sobre las intenciones, malas, que en orden a la ideología laicista, se pretenden aprobar en tal Congreso. Pero es que, por si no estuviera todo, ya, bastante claro, el que es secretario general del grupo socialista en el Congreso, Ramón Jáuregui, ha salido a la palestra para dejar el asunto bien zanjado, dejando caer unas ideas que, no por ser contrarias a toda verdad, manifiestan el verdadero estado de la situación.
Digamos que, quizá sin saberlo (o, a lo mejor, sí) ha dicho lo que ha querido decir o, mejor, lo que ha querido decir, su sentido, ha quedado bastante bien dicho.Y, sobre todo, es esto:
1.-Al parecer, existen “pretensiones” de imponer una moral cristiana en asuntos públicos.
Esto dicho por el secretario general del grupo socialista en el Congreso es, sobre todo, un dislate, una sinrazón y algo que está fuera, pero que muy fuera, de todo lugar.
Para empezar es algo ridículo que se diga y que se mantenga con el mayor descaro que alguien quiere imponer algo así como una “moral cristiana”. No se sabe de nadie que quiera hacer tal cosa. En primer lugar, ningún partido político ha llevado en su programa de reciente presentación (en marzo pasado) a la votación popular, el querer hacer lo posible, en caso de haber salido vencedor de aquellos comicios, para que el modo de pensar religioso se alzase con el mando social y, desde entonces (cual nación musulmana que no se considere laica) la Ley de Dios fuera la norma a seguir por todo.
No parece que haya sido tal el resultado de lo acontecido el 9 de marzo pasado.
En segundo lugar, tampoco parece que sea la Iglesia católica quien quiera imponer nada porque ni está dentro de sus planes hacer tal cosa ni le está, siquiera, permitido. Ya sabemos que Juan Pablo II Magno, en su último viaje a España dejó dicha aquella expresión que lo explica todo: “La fe no se impone, se propone”. Pero no es que lo dijera como una ocurrencia del momento ya que, antes, en la Homilía en la celebración del Jubileo de los Docentes Universitarios (el 10 de septiembre de 2000) ya dijo que “la verdad cristiana, por su misma naturaleza, se propone y jamás se impone”Por tanto, lo que se pretende, aquí sí es pretensión, es establecer algo parecido a una ética laicista que, siendo pública, sea obligatoria para todos teniendo en cuenta que, por ser pública tendrá la validez que quiera que tenga quien ostente el poder.
Y esto es, además, una aspiración ambiciosa y desmedida.2.-“Vamos a reivindicar que el Estado exija la imposición de una ética pública configurada en torno a la soberanía popular“
Por tanto, lisa y llanamente, se habla de “imposición”. Y lo que se quiere imponer es una ética que el partido socialista y, en general, la izquierda española, entiendan como buena para la sociedad cuando bien sabemos que no ha sido, la misma, un ejemplo de bondad ni de positiva aportación para la humanidad ni, especialmente, para España.
Pero se habla de imponer; es decir, de obligar, a la fuera, porque les parece bien. Pero es que, además, se hace uso del término “soberanía popular” como si el mismo no estuviese constituido, también, por las creencias religiosas de los sujetos activos de la misma.3.-Mayor “ruptura de los acuerdos Estado-Iglesia”
Al decir que se quiere una “mayor” ruptura es que, evidentemente, ya han iniciado, con sus políticas laicistas, una ruptura de tales acuerdos (incumpliendo, por ejemplo, el que corresponde al derecho de los padres a escoger la educación moral y religiosa que se quiere sea impartida a sus hijos obligandoa cursar Educación para la Ciudadanía, verdadera aberración, por lo desviado de su intención)
Esto debe haber sido una jugarreta de su subconsciente que, más libre que lo que lo políticamente correcto hubiera deseado se dijera, le ha hecho decir, en fin, la verdad de la situación en la que estamos, nos movemos y existimos: ya hay elementos que nos dicen que, efectivamente, el cambio de situación se está produciendo y lo que ahora pretenden (eso sí que es una verdadera pretensión y no la que atribuyen a la Iglesia católica) es dar el golpe de gracia a la misma.
Y todo esto porque entiende Jáuregui que los acuerdos de 1979 son algo transitorio y, al fin y al cabo, poco importantes.Sin embargo, y lo más cierto, es que todos y cada uno de aquellos acuerdos (Enseñanza y Asuntos Culturales, Asuntos Económicos, Asuntos Jurídicos…) ni eran transitorios ni poco importantes sino todo lo contrario.
Además, el fundamento espiritual que sustenta la posición, al menos, de la Iglesia, tiene, como poco, 2.000 años de antigüedad y no da la impresión de que haya sido adaptado, a lo largo de la extensión del tiempo en el que se ha predicado, se ha transmitido y, sobre todo, se ha llevado a la práctica, por ningún tipo de conveniencia, digamos, “temporal” que lo haya hecho volandero y caduco.
El problema es que prefieren partir de cero para iniciar su etapa de ingeniería social. Al menos, hemos de reconocer que de cero en ideas sí parten pero, a pesar de la imposibilidad propia de mejorar por su parte, no resulta conveniente achacar a los demás de los defectos de uno porque resulta, a fin y al cabo, poco ético, ¿verdad?