04.07.08

 

La Biblia publicada por la editoria La Casa de la Biblia, hace la siguiente traducción de Rom 5,12-17 (por gentileza de Majao público):

Así pues, por un hombre entró el pecado en el mundo y con el pecado la muerte. Y como todos los hombres pecaron, a todos alcanzó la muerte. Cierto que ya antes de la ley había pecado en el mundo; ahora bien, el pecado no se imputa al no haber ley. Y sin embargo, la muerte reinó sobre todos desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión semejante a Adán, que es figura del que había de venir.

Pero no hay comparación entre el delito y el don. Porque si por el delito de uno todos murieron, mucho más la gracia de Dios, hecha don gratuito en otro hombre, Jesucristo, sobreabundó para todos. Y hay otra diferencia entre el pecado del uno y el don del otro, pues mientras el proceso a partir de un solo delito terminó en condenación, el don, a partir de muchos delitos, terminó en absolución. Y si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado universal, mucho más por obra de uno solo, Jesucristo, vivirán y reinarán los que acogen la sobreabundancia de la gracia y del don de la salvación. (Rm 5,12-17)

El texto en discusión (original en griego aquí), abarca desde el versículo 12 al 21 del capítulo quinto de la Carta a los Romanos y es el fundamento directo del dogma del pecado original. En el mismo, San Pablo hace un paralelismo entre la desobediencia de Adán, causa de la ruina para el género humano, y la obediencia de Jesucristo, causa de salvación para todos.

El paralelismo marca la diferencia entre Adán y Cristo,pero a su vez supone una unión profunda entre Cristo y Adán, que abarca a todo el género humano necesitado de salvación e incapaz de alcanzarla por sus propios medios.

Sin embargo, poco tiene que ver la traducción de La Casa de la Biblia con lo que escribió San Pablo a los romanos.

En el primer versículo, el texto griego dice:

«Por esto, como por un solo hombre el pecado entró en el mundo, y a través del pecado (dia, preposición de genitivo, por, a través de, por entre; tes amartias, del pecado; es decir, a través del pecado, por el pecado) la muerte, y así la muerte atravesó (literalmente)/penetró/alcanzó a todos los hombres, por el cual/por cuanto todos pecaron;

Mientras la traducción de la Casa de la Biblia, dice:

Así pues, por un hombre entró el pecado en el mundo y con el pecado la muerte. Y como todos los hombres pecaron, a todos alcanzó la muerte.

Es decir, una relación causal se convierte, de golpe y porrazo, en una conjunción. Mientras que San Pablo establece una relación causal entre la desobediencia de Adán y la entrada de la muerte en el mundo, de manera que con Adán pecó todo el género humano siendo esta la razón por la que morimos.

Al transformarse la relación causal en una conjunción, el pecado de Adán deja de ser causa del pecado del pecado original, de manera que tanto en Adán como en los hombres serían pecados personales, al contrario de lo que enseña la Iglesia ya que, mientras en Adán el pecado original sería “originante", en nosotros sería un pecado “originado". La muerte no entraría por el pecado original de Adán, sino por los pecados de los hombres. Por otra parte, la doctrina del Bautismo también quedaría tocada ya que éste borra el pecado original.

Es decir, la Biblia, según esta traducción, estaría enseñando algo distinto a lo que, por ejemplo, nos dijo San Pío V en su catecismo:

Pero Adán desobedeció, e incurrió en la desgracia de perder aquel estado de gracia y santidad en que había sido creado, y quedó sometido a todos aquellos males explicados ampliamente en el Concilio de Trento.
Recordemos además, que el pecado y la pena del pecado no quedaron limitados a Adán, sino que de él, como de causa y semilla fecunda, trascendieron naturalmente a toda su descendencia. (Parte I, cap. II, II)

Del mismo modo, en el Catecismo de 1.992:

Es preciso conocer a Cristo como fuente de la gracia para conocer a Adán como fuente del pecado (CEC 388)

Aunque es cierto que, como podemos leer más arriba, los versículos posteriores de esta traducción de la Carta a los Romanos corrige en cierta medida el sentido del versículo 12, ello no empece a que el sentido total quede distorsionado por la mala traducción inicial.

En definitiva, la fe basada en la Sagrada Escritura (Rom 5, 12-19) y definida en Cartago (a.418), Orange (A.529) y sobre todo en Trento (a. 1.543-1.563), que enseña que:

a) Adán pecó;

b) su pecado, aparte de perjudicarse a él mismo, lo hizo a toda su descendencia.

c) perdió para sí y para su estirpe tanto la gracia santificante como los dones extraordinarios (inmortalidad, integridad, ciencia infusa) con que Dios le adornara al crearlo;

d) hemos heredado de Adán esas desgracias y su mismo pecado, que se nos imputa como propio, aunque de distinta manera, ya que mientras que en Adán el pecado original es personal, en nosotros es propio, pero habitual - «mancha de pecado» que dice Santo Tomás -.

queda redefinida por una mala traducción de la Biblia cuyo sentido modifica y corrige el magisterio eclesial.

La traducción de la Biblia a lenguas vernáculas es algo de agradecer: se hace accesible la Palabra de Dios para el pueblo. Ahora bien, a pesar de este objetivo deseable y buscado, la profusión de traducciones de la Biblia consigue, precisamente lo contrario, al opacar la enseñanza de la Iglesia.

La versión de la Casa de la Biblia es un claro ejemplo. La Nueva Biblia Española es otro, quizás peor que el anterior.