Venezuela: de la esperanza a mío el petróleo se pasa en 1 minuto

 

 

Miguel del Río | 12.01.2026


 

 

 

 

Los planes de Donald Trump para con Venezuela están resultando todo un fraude, como las últimas elecciones en aquel país, que Nicolás Maduro y  miembros de su Gobierno alteraron. El que manda ahora es el presidente norteamericano, pero en Caracas ha dejado en el poder a los que se debía apartar, para dar paso a una auténtica democracia. Todo lo llevado a cabo tiene una única finalidad: apropiarse de las gigantescas reservas de petróleo venezolano. Las grandes potencias están marcando un nuevo orden mundial, que recobra los fantasmas de invasiones, el colonialismo y la apropiación de recursos energéticos ajenos.

 

Como esos sabelotodo que van de acertantes electorales, y adelantan ganadores que luego pierden estrepitosamente en las urnas, todos estos pseudo analistas, con sus canales en YouTube, que decían que Trump no se atrevería a invadir Venezuela, es mejor que se dediquen plenamente a la jubilación, que ha seguido a su pertenencia a algún Ejército del mundo, caso del español. Cinco meses de despliegue militar de Estados Unidos frente al Caribe, y en la madrugada del 3 de enero la legendaria Delta Force ejecutó un plan, por el que Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, han terminado encarcelados en Nueva York. Pero sobre el futuro del pueblo venezolano y sus expectativas de democracia y cambios a mejor, no les puedo contar lo que no existe, y resulta imprevisible, al igual que la extravagante personalidad de Trump.

El presidente norteamericano no deja indiferente a nadie. Tiene tantos seguidores como detractores, dentro y fuera de los Estados Unidos. A la hora de defender o criticar al magnate republicano, no se ponen de acuerdo en nada, salvo en una cuestión: las formas, por su falta habitual de respeto a países, organismos, dirigentes, medios de comunicación y periodistas, como la cadena de televisión NBC, y su programa “The Rachel Maddow Show”. Otro comunicador en el punto de mira es Jimmy Kimel (“Jimy Kimel Live”). En los recientes premios del cine y TV en EE.UU., Kimel recogió uno de ellos y dijo esto:»Él va a gobernar Venezuela. Ni siquiera puede gobernar su país. Lleva 10 años prometiendo un plan de sanidad y ahora gobierna otro país, que no podría localizar en un mapa”.

¡Ay, Venezuela! Cristóbal Colón la describió como Tierra de Gracia. Uno de los países más ricos del mundo. Arruinado, expoliado y empobrecido. Con 8 millones de exiliados. Una nación tiranizada por un Gobierno que no respeta las elecciones libres, que son el principio absoluto para que un país pueda calificarse de democrático, algo imposible con Nicolás Maduro, su esposa, Celia Flores, la Vicepresidenta, ahorapresidenta, Delcy Rodríguez, el Ministro de Relaciones Interiores, Diosdado Cabello, el Ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, o el Presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. Ahora Venezuela es gobernada desde el Despacho Oval, y Trump da las órdenes a los causantes de la quiebra total de aquel país tan rico antaño, los nombres citados atrás, aunque sigue teniendo vastas reservas de petróleo, que también pasa a controlar Washington. 

La llegada de la democracia a Venezuela, mediante la rápida convocatoria de unas elecciones libres, ya puede esperar. Lo primero, y se tomarán su tiempo para hacer suculentos negocios, es sacar todo el petróleo que se pueda con destino a los puertos estadounidenses. Cuando Trump explicó (es un decir) la operación militar en Caracas, el relato fue escueto, apoyado principalmente en dos titulares, los increíbles miembros de la Delta Force y el petróleo, una alusión al crudo que llegó a repetir más de veinte veces, para venir a asegurar que ahora es de su propiedad.

Si la democracia en Estados Unidos se rige al son que toca Donald Trum, como muchos opinan allí, menudos ingenuos hemos sido, al pensar que Venezuela iniciaba un nuevo camino de la mano de los que ganaron ampliamente en las urnas, como María Corina Machado (Premio Nobel de la Paz que quiere para sí Trump) o Edmundo González Urrutia. Quienes han sido los elegidos para seguir al frente del país son los culpables del denunciado fraude electoral, cometido en las Elecciones Presidenciales de 2024. Aún está pendiente hacer públicas las actas, para sonrojo del resto del mundo, sin contar con España, cuya postura del Gobierno con el chavismo, y Nicolás Maduro, ha sido de constante aval.

Y ya que cito a nuestro país, lo hago también con la Unión Europea. Ya no influye en el panorama internacional. De ello se han encargado Trump, Putin y Xi Jimping. Son los que se han repartido el nuevo orden mundial, que recobra los trágicos fantasmas de las invasiones, el colonialismo, y la apropiación de los recursos, que es lo que realmente interesa a estas potencias, con el petróleo, el gas y las Tierras Raras de Ucrania. El futuro que tenemos por delante resulta altamente inquietante. O paramos entre todos estas maneras tan prepotentes de dirigir el mundo y a los que lo habitamos, o volveremos a incurrir en conflictos de una magnitud brutal.

Y es que Donald se jacta de la Delta Force y de una actuación militar que no se recordaba, dice, desde la Segunda Guerra Mundial. ¿A qué semejante comparación? En sí mismo, el actual inquilino de la Casa Blanca es un gigantesco peligro. A diario, se levanta de la cama con una nueva idea loca (apropiarse de Groenlandia), sin que nadie le pare o le responda con un sencillo monosílabo: ¡no! Venezuela, al pasar, en un minuto, de la esperanza a mío el petróleo, sigue inmersa en el fraude. Ya no está Maduro, pero sí Trump. Entramos en un periodo de odiosas comparaciones.

 

 

Miguel del Río