Colaboraciones
La crítica de la religión, esencial en la doctrina marxista
07 agosto, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
La incompatibilidad entre marxismo y religión, repetida numerosas veces por el Magisterio de la Iglesia, no se debe simplemente a que Marx negase la existencia de Dios, sino a que toda su construcción teórica y práctica se apoya necesariamente en el ateísmo.
La religión —según Marx— es la primera alienación de la que hay que liberarse, pues es el paso previo para suprimir las restantes alienaciones: la crítica de la religión es la condición de toda crítica. El ateísmo marxista es «positivo»; no es solo un olvido de Dios, sino una exigencia del sistema. Es su fuerza motora: rechazado Dios, nada hay superior a la humanidad. Solo a partir de aquí se puede construir la sociedad socialista sin reparar en los medios empleados —violencia, dictadura, etc.—: es la aplicación perfecta de la afirmación de aquel personaje de Dostoievski: «Si Dios no existe, todo está permitido».
Ningún revisionismo marxista —ni el eurocomunismo— ha suprimido este postulado de ateísmo. Para destruir la religión se aprovecha cualquier medio, incluso la difusión del ateísmo premarxista: «Nuestra propaganda comprende necesariamente la del ateísmo… tendremos que seguir probablemente el consejo que dio Engels un día a los socialistas alemanes: traducir y difundir entre las masas la literatura atea de los enciclopedistas franceses del siglo XVIII» (V. Lenin, en Novaia Zijn, n. 28, diciembre 1905, según Ocáriz, Palabra, Madrid 1977).