Colaboraciones

 

Sobre la libertad

 

 

 

28 enero, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

 

 

El entendimiento me dice lo que conviene hacer o lo que no conviene. Cuando mi voluntad realiza aquello que el entendimiento le pide, entonces soy libre. Cuando actúo en contra de lo que pienso, seducido por una promesa de felicidad, placer o bienestar, entonces he perdido mi libertad. Comienzo a depender. Las decisiones ya no son mías.

La libertad es la autodeterminación ante el bien o el mal, y es uno de los fundamentos de la dignidad humana. El recto ejercicio de la libertad está sujeto a la conciencia y a la recta formación de ella.

Aunque del abuso de la libertad provienen todos los males morales de la sociedad, Dios quiere respetar la libertad del hombre a pesar de nuestro continuo reproche.

El buen uso de la libertad es un valor que se apoya, desde luego, en el equilibrado amor a uno mismo y en el amor generoso a los demás.

No sólo se pierde la libertad por la privación física de ella en la enfermedad que imposibilita o en la cárcel; se pierde cuando cualquier circunstancia vicia nuestra capacidad de optar por lo bueno.

Jamás seré libre para robar, para matar, para engañar, para mentir, para renunciar a mi dignidad de persona.

Resulta, pues, que los que presumen de liberales por haber transgredido las normas morales, en realidad han caído en la esclavitud.

Los católicos llamamos a esa esclavitud, pecado.

Dios ama nuestra libertad y nos da los medios para liberarnos de nuestras cadenas. ¡Con la ayuda de Dios!

Todo lo puedo con Aquel que me da la fuerza.