Colaboraciones
¿Qué queda de la filosofía marxista en Berlín?
¿Qué queda de la economía marxista en Berlín?
¿Qué queda de la política marxista en Berlín?
15 enero, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
Mauerpark, 31.03.2007. Franz Richter.

Chelsea Follett (editora de HumanProgress.org, un proyecto del Instituto Cato. El Cato Institute es una fundación de estudios públicos, no partidista, con sede en Washington, D.C., fundada en 1977) destaca la importancia de Berlín como un centro de progreso debido a que fue el sitio donde se ilustró de manera singular la importancia de la libertad.
¿Qué queda de la filosofía marxista en Berlín?
Cuando uno accede por las puertas principales a la inmensa Universidad Humboldt (fundada en 1810 por el prusiano liberal Wilhelm von Humboldt, diplomático y lingüista, con el nombre de «Universidad de Berlín». Es un símbolo de excelencia académica, relevancia histórica y patrimonio cultural), ubicada en el corazón de Berlín, encuentra una inmensa pared que sostiene dos amplias escaleras en las que se puede leer con gigantescas letras la tesis 11 sobre Feuerbach que escribió Marx alrededor de 1845: «Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diferentes modos; de lo que se trata es de transformarlo». Tesis tan grandilocuente como históricamente sangrienta. En contraste, a escasos cien metros de este texto, en los jardines de entrada a la Humboldt, se instala, siempre que el tiempo lo permite, un mercadillo de libros antiguos y de segunda mano. La mayoría de estos libros están compuestos por obras de Marx y de marxistas que, junto a viejos volúmenes sobre la segunda guerra mundial y enciclopedias de arte, se venden por algunos marcos. ¡Escena paradójica! La Universidad mantiene, como huella de la doctrina difundida durante décadas en sus aulas, las palabras más citadas de Marx, mientras en la calle, los libros que desarrollan filosóficamente y promueven la revolución marxista permanecen inmóviles, cada vez más sucios, contemplando el paso de los años sin mentes que los escruten ya. ¿Qué queda del marxismo filosófico? Parece que libros baratos en estanterías callejeras que nadie compra ni lee.
¿Qué queda de la economía marxista en Berlín?
La noche del 9 de noviembre de 1989 fue derribado el Muro de Berlín, que dividió la capital alemana durante casi tres décadas.
El Muro de Berlín no sólo dividía a esta ciudad: dividía a toda Europa y era el símbolo de un mundo bipolar en el que dos potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, eran los polos de influencia.
Su caída posibilitó la reunificación alemana y fue precursora de la desaparición de la Unión Soviética y del final de la Guerra Fría.
Cualquier visitante, paseando por céntricos barrios de la antigua zona comunista observará que la mayoría de los edificios son de construcción reciente. Tras la reunificación alemana se comprobó inviable la remodelación de los edificios comunistas para rejuvenecer el aspecto de la ciudad. Los bloques de apartamentos y de oficinas no podían mantenerse en pie. Se derribaron barrios enteros y se construyeron nuevos y modernos edificios de colores vivos y cristales oscuros con criterios estéticos de vanguardia. La arquitectura comunista se iba desmoronando a pedazos. La reunificación supuso no sólo la libre circulación de los ciudadanos, sino el surgimiento de una nueva ciudad tras derribar grises, sucios, apretados y enclenques apartamentos y oficinas. Pocos edificios fueron aprovechados. En diez años no sólo se lavó la faz externa de una gran ciudad, para modernizarla y convertirla en la capital de la Alemania reunificada con todos sus ministerios, sino que el poderoso marco capitalista ha urbanizado de nuevo miles de metros cuadrados de la zona comunista. He ahí la imagen gráfica de un fracaso económico: edificios en ruinas, empresas incompetentes, industria envejecida, burocracia adormecida.
¿Qué queda de la política marxista en Berlín?
Es bien sabido que en la noche del 12 al 13 de agosto de 1961 se construyeron en aquella ciudad, inesperada y apresuradamente, las primeras barreras de alambradas de pinchos. Los motivos políticos no pueden aquí ser explicados. Con el paso de los años el muro creció en altura, y se le añadieron impresionantes instalaciones de seguridad (franjas de control, zanjas de barrera para los vehículos, torres de observación, perros adiestrados para matar, más barreras de alambres...).
En algunos puntos de la ciudad se han conservado los denominados Mauerparks (parques con el muro) en los cuales se mantienen restos de la zona amurallada, decorados por relevantes artistas, como monumentos históricos. Uno de los más famosos es el Chekpoint Charlie, antiguo punto central de control fronterizo. Ahí se encuentra hoy un curioso museo que conserva la variedad de artilugios que inventaron los ingeniosos ciudadanos de la zona comunista para atravesar el muro, junto a fotografías de los protagonistas de las huídas —también de los que perecieron en el intento— y vídeos escalofriantes que nos sitúan en las tensiones sociales de los años sesenta y setenta en el Berlín comunista. El museo es un canto a la libertad, al anhelo de escapar como sea —incluso arriesgando la vida— de un sistema político opresor y agobiante. El museo es expresión gráfica del fracaso político de una pretendida revolución hacia la sociedad sin clases, hacia la llamada, ¡qué paradoja!, democracia popular. En Berlín, pues, ¿qué queda de la política marxista?: la memoria de la protesta, el recuerdo de la opresión de los instrumentos de la huida, el ingenio del hombre en busca de libertad, en definitiva, el afán de olvidar una pesadilla.
No es extraño que ante la inesperada caída del muro de Berlín y del comunismo, personalidades relevantes de la Iglesia católica nos hayan recordado sugerentes versículos de un salmo:
El Señor frustra los planes de las naciones,
hace vanos los proyectos de los pueblos;
más el plan del Señor subsiste para siempre,
los proyectos de su corazón por todas las edades.
(Salmo 33, 10-11)