Colaboraciones
El término Nacionalismo en Kenneth R. Minogue, Gabriel Rufián, Pablo Casado, Isaiah Berlin, Lord Acton, Juan Pablo Fusi, Cambó y Durkheim
12 de enero, 2026 | Javier Úbeda Ibáñez
Kenneth Robert Minogue (1930-2013, teórico político conservador australiano):
«[…] El nacionalismo es un movimiento político que procura alcanzar y defender un objetivo al cual podemos denominar integridad nacional. Busca la libertad, pero este término puede referirse a muchas cosas. El reclamo de libertad ya implica la sugestión de que los propios nacionalistas se sienten oprimidos. De este complejo de ideas sobre la libertad y la opresión podemos extraer una descripción general del nacionalismo: es un movimiento político que depende de un sentimiento de agravio colectivo contra los extranjeros» (Kenneth Minogue, El nacionalismo, Buenos Aires, Paidós, 1975, 246 páginas).
Gabriel Rufián (1982, portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya, ERC, en el Congreso):
«Un partido independentista es aquel que aboga abiertamente por la independencia, mientras que uno nacionalista simplemente quiere velar por los intereses de lo que este considere su nación, sin llegar al extremo de la independencia. Un profesor que tuve lo explicaba así de sencillo: el independentista quiere independizarse y ser completamente autónomo, mientras que el nacionalista busca ser completamente autónomo usando el nacionalismo para tirar de la cuerda y obtener ventajas fiscales, estatutarias y financieras del Estado» (Discurso en el Congreso de los Diputados, 2016).
Pablo Casado (1981, fue presidente del PP):
«Los nacionalistas son excluyentes e insaciables en sus reivindicaciones, pero entran dentro de la Constitución, lo que no ocurre con los independentistas» (Rueda de prensa, Pamplona, 6 de marzo de 2019).
Isaiah Berlin (1909-1997, filósofo británico, nacido en Riga, Lituania):
«El nacionalismo es sin duda la más poderosa y quizás la más destructiva fuerza de nuestro tiempo. Si existe el peligro de aniquilación total de la humanidad, lo más probable es que dicha aniquilación provenga de un estallido irracional de odio contra un enemigo u opresor de la nación real o imaginario […]. Quizás la humanidad viva lo suficiente para ver el día en que el nacionalismo parezca absurdo y remoto, pero para ello deberemos entenderlo y no subestimarlo; y es que aquello que no es comprendido no puede ser controlado: domina a los hombres en lugar de ser dominado por ellos» (Berlin, Isaiah, Sobre el nacionalismo, Página Indómita 2019, 160 páginas).
Lord Acton (John Emerich Edward Dalberg-Acton, 1834-1902, historiador y político inglés):
«El nacionalismo no busca la libertad o la prosperidad (sacrifica ambos conceptos a las necesidades imperativas de la construcción nacional), sino sólo la construcción de una idea abstracta que funcione como norma y modelo del Estado político». «Todo esto lleva a la ruina, no sólo material, sino también moral».
Acton vio en la «teoría nacional» y en la práctica del «nacionalismo» una amenaza agotadora contra el devenir de la propia historia de la humanidad. L. Acton fue enemigo acérrimo de los nacionalismos emergentes del siglo XIX.
Para Lord Acton, el nacionalismo es antidemocrático y «un paso retrógrado en la historia».
Juan Pablo Fusi (historiador español, 1945):
«Acton advierte contra las consecuencias que puede tener esa pasión nacional en la cual los nacionalistas están dispuestos a sacrificar la vida, la libertad o lo que sea. Lo que define al nacionalismo es hacer de la nación y no de los derechos del individuo, no del derecho de participación política, no de la idea de justicia distributiva, no del principio de igualdad de oportunidades, el objeto y sujeto de la política; de la nación, que es una especie de reacción emocional abstracta basada en una serie de mitos fuertes, y no del individuo como tal» (Juan Pablo Fusi, La patria lejana, Taurus 2003, 392 páginas).
Francisco Cambó (político, empresario y abogado español, 1876-1947)
Del que alguno se acuerda ahora, también lo expresó en 1911 al decir que el «problema regionalista era una cuestión de fe, de creer en cada patria particular».
Cambó fue en su tiempo el máximo representante de un catalanismo conservador que rechazaba el separatismo.
Para Borja de Riquer, historiador, «Cambó quería que el catalanismo contribuyera a la gobernabilidad de España, y por eso quería actuar como catalanista y no solo como político español».
Émile Durkheim (sociólogo, pedagogo y filósofo francés, 1858-1917) dijo:
«Lo estrafalario del nacionalismo convertido en religión política es que son naciones que se rinden culto a sí mismas».
Al sustituir a Dios por la Patria, los independentistas hacen de la nación un ser superior, por encima de los individuos, que exige devoción, sacrificio y lucha. El caso del nacionalismo vasco ha sido más doloroso en esto.