Colaboraciones

 

Verdadera democracia

 

04 diciembre, 2019)| Javier Úbeda Ibáñez


 

 

 

El Estado de Derecho es la condición necesaria para establecer una verdadera democracia. Para que esta se pueda desarrollar, se precisa la educación cívica, así como la promoción del orden público y de la paz en la convivencia civil. En efecto, no hay una democracia verdadera y estable sin justicia social.

Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de Derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana.

En el Estado de Derecho es soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los hombres.

La democracia no puede mitificarse, convirtiéndola en un sucedáneo de la moralidad o en una panacea de la inmoralidad. Fundamentalmente, es un "ordenamiento" y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter "moral" no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve. Si hoy se percibe un consenso casi universal sobre el valor de la democracia, esto se considera un positivo "signo de los tiempos", como también el Magisterio de la Iglesia ha puesto de relieve varias veces. Pero el valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve.

Solo el respeto a la vida puede fundamentar y garantizar los bienes más preciosos y necesarios de la sociedad, como la democracia y la paz. En efecto, no puede haber verdadera democracia, si no se reconoce la dignidad de cada persona y no se respetan sus derechos. No puede haber siquiera verdadera paz, si no se defiende y promueve la vida…