Tribunas

El Papa León XIV sabe escuchar

 

 

José Francisco Serrano Oceja


León XIV saludando a los fieles presentes
en la Plaza de San Pedro.
Vatican News.

 

 

 

 

Hay una imagen de León XIV que se repite insistentemente y que está calando en el imaginario colectivo. La de un Papa que escucha.

No sé si el Papa habla mucho o poco en las conversaciones privadas. Si en los miles de encuentros que ha tenido, tiene y tendrá, más o menos espontáneos, es ocurrente, gracioso o demuestra una incisiva capacidad de análisis que formula de forma magistral. O si se mantiene en un silencio en el que hablan sus ojos, sus manos y sus brazos como forma de acogida y de empatía.

No sé si su amplia formación teológica, su conocimiento de san Agustín, o su aplicación a la norma canónica, se le salen por los cuatro costados. No sé si el Papa es dado a los prontos, a las sentencias, a los chistes o a los consejos. Lo que es evidente es que el Papa León XIV es un Papa que escucha.

Ser un hombre de escucha es lo contrario de ser una persona empoderada, que lo sabe todo, que tiene criterio sobre todo, que sustituye sus limitaciones y carencias con el ejercicio de un poder que se hace demasiada evidencia.

Ya sabemos lo que decía la sabiduría popular, quien no tiene autoridad se convierte en un autoritario. Esa persona que piensa que dice saber de otro sin haber mediado una sola palabra o que tiene tan claro lo que quiere que lo hace caiga quien caiga.

El Papa León, con sus gestos y también con sus palabras, está dando una impresionante lección de que, en estos momentos, en la Iglesia debiéramos estar en un permanente tiempo de escucha. ¿O acaso la revelación de Dios no exige la escucha?

De las definiciones de la sinodalidad, la que más me ha gustado es la que afirma que es un método de escucha. El Papa es el primero que practica la verdadera sinodalidad en la coherencia que implica el decir y el hacer. Ese decir que es un hacer como razón performativa y testimonial de la existencia.

La experiencia del pasado consistorio ha venido a ratificar este estilo de gobierno, que lo es también de gobierno espiritual. Quien sabe escuchar de verdad tiene menos riesgos de equivocarse a la hora de tomar decisiones. El poder, con la escucha, es más servicio.

¿Por qué apreciamos a los buenos directores espirituales, a los confesores, a los que nos acompañaban en el camino de la fe y de la esperanza? No por la abundancia de sus palabras sino por su capacidad de escuchar a su interlocutor, y por la solidez y verdad de sus afirmaciones.

Escuchar forma parte del ejercicio práctico de la sabiduría. Escuchar es escrutar el corazón de las personas, las intenciones de sus acciones, los tiempos, las corrientes profundas de la historia.

Escuchar el latido de la vida es una condición de existencia plena. Escuchar es la garantía para que se acierte en el juicio, en el consejo, en la compañía. Escuchar es el más eficaz antídoto contra los prejuicios, contra las imágenes mentales, contra los sesgos cognitivos, contra los peligros de la práctica fácil del encasillamiento y las tentaciones de convertirnos en ponedores de etiquetas.

No sé si en este consistorio los cardenales, con el Papa, han podido abordar muchos o pocos temas. Si lo que han trabajado tendrá, en la decisión del Papa, efectos inmediatos, a medio o a largo plazo. Ya nos enteraremos.

Lo que sí sé es que el Papa León tiene una voluntad real de escucha, y la ejerce como forma privilegiada de manifestar pasión por la humanidad toda y por cada uno de los que formamos la Iglesia.

 

 

José Francisco Serrano Oceja